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PANDEMIA

14 de septiembre de 2020

Impactante relato de nutricionista infectada dos veces: “la primera fue leve, la segunda me demolió”

Raquel Paredes sufrió un primer episodio en junio y volvió a enfermar en menos de dos meses.

Las posibilidades de que los médicos se infecten con coronavirus, se sabe, son altas. Por eso, el hecho de haber padecido la enfermedad sin grandes dolencias tranquilizó de alguna manera a la médica nutricionista Raquel Paredes. Y si bien mantuvo todo tipo de cuidados una vez recuperada, pensó que lo peor ya había pasado. Cuando, luego de menos de dos meses, volvió a dar positivo, no lograba salir de su asombro.

Y es que, al ser diagnosticada con Covid-19 por segunda vez, Raquel se sentía desconcertada. Aun no se había dado a conocer el caso del primer recontagiado confirmado oficialmente por las autoridades de Hong Kong, ni a nivel local el del reconocido infectólogo Fernando Polack. Poco se sabía (y poco se sabe) también respecto a la inmunidad, aunque algo del sentido común la llevaba a suponer que esto no podría repetirse en un lapso de tiempo tan corto.

“La primera vez que me contagié fue el viernes 12 de junio. Me dolía la garganta, y al ser personal de salud y tener solo un síntoma, ya era criterio para consultar. Luego seguí con tos, rinorrea y estornudos. Cuando me dieron el positivo, me agarró mucha histeria, me llamó el médico y me informó que por protocolo, tenía que internarme una noche en la clínica. Todo eso es muy estresante, te sacan sangre, te hacen una placa, dormí muy mal de los nervios. Cuando vieron que estaba bien y me podía externar me derivaron al hotel de la prepaga. Allí estuve una semana y continué con mucho dolor de cabeza y decaimiento”, relata acerca de su primera experiencia como contagiada de Covid-19.

Raquel siguió aislada una semana en su casa, y a principios de julio -con un PCR negativo de por medio- y transcurridos 21 días, volvió a su trabajo en una clínica porteña. Quiso donar plasma, pero al no cumplir con los requisitos, decidió donar sangre al Biobanco de Enfermedades Infecciosas (BBEI) dependiente del CONICET, que realiza estudios con muestras de convalecientes. Allí le informaron que no tenía anticuerpos. Sin embargo, Raquel no se alarmó: mucho había leído sobre los linfocitos T y la memoria celular que se “activa” al estar en contacto nuevamente con el virus, pero que no es sencilla de detectar en los análisis.

El jueves 6 de agosto, fue su novio, también médico, el que empezó a sentirse mal y a tener fiebre. Mientras esperaba los resultados del hisopado de su pareja, se contactó con el área de Salud Ocupacional de su trabajo en una clínica de salud privada, advirtiendo que a pesar de haber estado contagiada previamente, estaba en contacto estrecho con una persona que potencialmente tenía COVID-19, por lo que pidió trabajar desde su casa para no exponer a colegas ni pacientes. También relató su experiencia donando sangre, y alertó que existía la posibilidad de que no tuviera inmunidad. Pero le dijeron que al haber padecido la enfermedad, se consideraba que “según protocolo ministerial” no corría riesgos, y que “los anticuerpos podían negativizar”.

“El sábado fui a trabajar, pero no estaba conforme con la respuesta que me habían dado, por lo que traté de exponer lo menos posible a todos, haciendo el trabajo en mi oficina sin salir de ahí. Me sentía decaída pero como había dormido mal y tenia sueño, pensaba que podía ser por eso. Continuando el día me empezó a doler la cabeza, así que cuando salí de trabajar fui a la misma guardia que la primera vez, donde me vuelven a hisopar”, relata.

“Al día siguiente, el domingo, sentía como si me hubiese atropellado un camión con acoplado, la pasé muy mal. Me desperté a la noche para ir al baño y no podía moverme, sentía que estaba crucificada en la cama, con todas las articulaciones duras. Me levanté muy mal, con tos, dolor corporal, de cabeza, nauseas. No entendía qué tenia, porque al haber estado contagiada previamente pensé, en un principio, que no era eso”, recuerda.

Luego, experimentó una pérdida repentina del olfato y el gusto, y cuando recibió los resultados confirmó lo que se negaba a creer: un segundo contagio. Con muchas molestias pero afortunadamente sin complicaciones, permaneció en su casa durante dos semanas. Esta vez, la recuperación tardó en llegar: una vez dada de alta, le costaba recuperar el aliento si subía una escalera, tenía dolores en el pecho, cansancio, dolor de cabeza y decaimiento, síntomas que continuaron durante semanas.

“Las reinfecciones que empiezan a reportarse en estos meses parecen ser posibles, no podíamos responder esta pregunta hace un tiempo porque no conocíamos el brote, eran pocos meses, pero con el avanzar de todo esto, la verdad es que es una posibilidad, es posible que cuadros leves iniciales más que nada, pero no necesariamente, generen pocos anticuerpos y poca inmunidad celular, y [esas personas] no están exentas de volver a contraer una infección sintomática”, explica Javier Farina, médico infectólogo que integra el comité de expertos que asesora al Gobierno en la pandemia.

En la misma dirección, Juan Manuel Castelli, director nacional de Enfermedades Transmisibles del Ministerio de Salud de la Nación, afirma: “Si vos no generas una respuesta inmunológica con anticuerpos neutralizantes te puede pasar. Puede ser que vos tengas una exposición, inmunológicamente no desarrolles el numero suficiente de anticuerpos neutralizantes y que después al reexponerte, como no tenés desarrollo de inmunidad, es como si te expusieras por primera vez”, especifica.

 

 

 

 

 

 

Fuente: Clarin

 

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