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25 de julio de 2020

Cientos de chinos abandonan comercios en el barrio de Belgrano y regresan a su país

La extensión de la cuarentena y los alquileres obligaron a muchos comercios a cerrar definitivamente sus puertas. Cuáles son las perspectivas de esa zona

Hace cuatro décadas que una oleada de inmigrantes chinos empezó a asentarse en un rinconcito del barrio de Belgrano de Buenos Aires. Con los años, ese lugar se convirtió en un emblema turístico que ahora, con el vertiginoso cierre de locales, se aproxima al abismo por culpa del coronavirus.

"Bienvenidos todos al Barrio Chino", saluda Azucena, nombre occidentalizado de una señora que tiene su bazar de regalos, juguetes y ropa a pocos metros del imponente arco oriental de ingreso a la calle Arribeños, principal arteria de la barriada. "Ahora hay poca gente", añade a la agencia Efe con el espray de alcohol en gel en la mano.

Sobrevivir, adaptarse o morir. Estas son las tres opciones a las que se enfrenta el centenar de negocios -entre restaurantes, supermercados y tiendas de todo tipo- que puebla las cuatro manzanas del pequeño barrio, desde que a comienzos de año empezó a sonar el eco de una enfermedad originada en China y diseminada por el mundo.

"En enero, cuando nada pasaba, la gente ya empezaba a decir 'no vamos al Barrio Chino por las dudas'. Ser chino significaba tener quizás el virus. Por eso la crisis es más profunda. Acá nació en enero la no venta de los 'restoranes' como antes", relata Lin Wen Chen, locutor de radio y una de las caras más visibles de la comunidad china en Argentina, donde recaló cuando apenas tenía dos años y donde es conocido como Carlitos Lin.

Crisis sin salida y regreso a China

El Barrio Chino, enclavado en Belgrano, es escenario de un auténtico desastre. Golpeada por la irrupción del Covid-19 y la posterior cuarentena, esta zona que hasta marzo nucleaba a más de 120 comercios de origen asiático hoy no es más que otra muestra de emprendimientos que se desarticulan, pérdidas de puestos de trabajo e incertidumbre respecto de cómo seguir en el caso de las pyme que aún subsisten. El 90 por ciento de los negocios exhibe sus persianas bajas y en las últimas semanas comenzó acelerarse el cierre definitivo de restaurantes y locales de distintos rubros.

Ante la consulta de iProfesional, desde la Asociación Barrio Chino de Buenos Aires, organización que integra a todas las actividades en esa área, fueron lapidarios a la hora de fijar un pronóstico: al menos el 30 por ciento de los comercios no volverá a abrir sus puertas.

En otras palabras, alrededor de 40 emprendimientos, indicaron desde la entidad, se habrán perdido para siempre para cuando termine de levantarse la cuarentena obligatoria.

Indicaron, además, que hay más de 500 familias que, por efecto de la pandemia y el crack comercial, ya oficializaron la decisión de retornar justamente a China en cuanto se reactiven los vuelos internacionales. Las organizaciones de la comunidad vienen motorizando acciones como entrega de material sanitario y suministros en general, todo con el fin de moderar de alguna manera las dificultades de los vecinos de la zona.

"A excepción de los rubros esenciales como supermercados, verdulerías y ópticas, el resto de los comercios están todos cerrados. Alcanzados por lo que establece la cuarentena. Estamos teniendo cierres muy seguidos en negocios como los restaurantes. En las últimas semanas cerraron 3 y ahora hay 2 más que están a punto de dejar de funcionar de forma definitiva", dijo a iProfesional Antonio Chang, presidente de la Asociación Barrio Chino.

"Todo el mundo dice que esperan que esto vuelva a una cierta normalidad en diciembre. Los alquileres no los están pudiendo pagar. Porque están rígidamente en dólares. Hay en algunos negociación como para bajar la presión...", concluye Carlitos Lin, quien confirma que ya hay chinos que decidieron volver a su país.

"Sé que hay un 'charter' completo", señala Lin, quien igual recalca que la mayoría sigue apostando por la Argentina que les acogió: "Hay que ver la proporción. Hay 200.000 chinos en Argentina y no se quieren ir 190.000".

Durante la segunda semana de mayo, el Hong Kong Style, un punto gastronómico tradicional del área, muy recomendado por chefs de renombre, cerró las puertas de su local en Montañeses al 2100.

"Después de 20 años de dedicar absolutamente todos nuestros días a este proyecto que culminó en lo que hoy ustedes conocen como Hong Kong Style, hemos tomado la difícil decisión de cerrar las puertas de la que ha sido nuestra casa desde el 2000 y guardar el wok de Lui", informaron sus propietarios a través del espacio del restaurante en Instagram.

Pocos días después, fue el turno de Todos Contentos -Arribeños 2177-, un reducto de la comida taiwanesa con más de 35 años de funcionamiento en ese enclave de Belgrano. A sus dueños se les hizo imposible resistir a base de entregas de comida por delivery y sus 14 empleados quedaron en la calle.

Ya en las últimas jornadas, la baja de persianas definitiva corrió por cuenta de Dragón Porteño -Arribeños 2137-, cocina taiwanesa con más de dos décadas de funcionamiento en el Barrio Chino.

Sus propietarios avanzaron con el cese de operaciones tras no poder afrontar el pago de alquiler, impuestos en general, y el salario de 8 empleados. La alternativa del delivery apenas si les significaba una facturación del orden del 10 por ciento respecto del movimiento comercial previo al coronavirus.

Cierres definitivos

Los más de cuatro meses de cuarentena que arrastra Buenos Aires, la falta de horizonte en un país que lleva más de dos años en recesión y los insostenibles alquileres de locales en dólares llevan a los comerciantes a replantearse la continuidad de este negocio.

El "Todos contentos", uno de los primeros restaurantes que abrió sus puertas en el 'Chinatown' porteño en la década de 1980, las cerró para siempre hace unos días, al no poder resistir más sin ventas en medio de la eterna cuarentena, como también hizo el "Hong Kong Style", otro clásico.

"Hoy cerró mi restaurant más querido, mi favorito. Hong Kong Style. Lui, Lili, Walter, Andrea, Carlos, y todo el equipo. Los queremos mucho. Y los esperamos nuevamente. Siempre", escribió en sus redes sociales la chef Narda Lepes.

Se calcula que, de los alrededor de 100 locales, ya cerraron una decena, mientras que otros están a punto.

Sobrevivir con el delivery

Sin dejar de lado su sonrisa, la "señora Chen", como todo el mundo la conoce, recibe a Efe en el local que regenta junto a su esposo y su hijo, "El cisne blanco", que ahora sólo funciona con comida para llevar o a domicilio y cuya especialidad son sus exquisitas empanadas al vapor.

Su restaurante, que abrió en 2006, era uno de los pocos de la zona que tenía desarrollado, ya antes de la pandemia, el sistema de "delivery", lo que le permitió adaptarse más rápido cuando tuvo que echar la persiana al comenzar el aislamiento ciudadano, que hundió a la hostelería de toda la ciudad.

A la pregunta de si les salen las cuentas, la mujer se sincera: "Domingo y sábado hay más gente... otros días, más o menos", remarca, convencida de que "nunca pasó" lo de ahora, ni en 2001, cuando llegó a una Argentina sumergida en la peor crisis de su historia, la del famoso Corralito.

Silencio

La propietaria de "El cisne blanco" es de las pocas que se atreven a hablar públicamente. Y es que no ayuda ni las dificultades para comunicarse en castellano ni el estado de incertidumbre en que se encuentran estas familias.

No es que antes de la pandemia la situación fuera boyante en un país en crisis, pero con esfuerzo salían adelante: "En 2001 pensaban que muchos se tenían que volver a sus casas, pero lo pudieron atravesar, no fue tan duro, dicen. ¿Y por qué dicen que no fue tan duro? Porque lo de ahora es realmente duro", agrega Carlitos.

Según recalca, en estos 40 años, "para redondear de historia del Barrio Chino", nunca se había dado una situación de cierre de locales con tanta antigüedad.

Se estima que en Argentina viven alrededor de 200.000 chinos -entre nacidos en el país asiático y descendientes- principalmente en la zona de influencia de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mendoza.

Fue a fines de los 70 cuando llegó la primera gran oleada, mayoritariamente desde Taiwan, y algunos empezaron a asentarse en Belgrano, donde a partir de un supermercado, un restaurante y un centro cultural empezó a configurarse el rinconcito oriental.

"Es un punto turístico de Buenos Aires, pero no nace como un punto turístico. En el 80 nace como un lugar de abastecimiento de los productos y los sabores de los chinos en Argentina. Al final termina siendo un punto turístico porque mucha de la gastronomía o chefs más importantes venían acá a comprar esos sabores que no había en otros lugares", matiza el locutor.

Los supermercados, con mejor suerte

Al ser servicio esencial, las tiendas de alimentación son quizá las menos perjudicadas.

El super Chunghwa da la bienvenida a sus clientes con una puerta tecnológica en la que un empleado los desinfecta antes de entrar, para, seguidamente, invitarlos a colocarse ante una cámara que mide la temperatura corporal.

"La poca gente que puede venir, por lo menos viene y está segura", remarca Sandra Guasp, encargada de personal del establecimiento, donde trabajan 30 empleados de distintas procedencias, algo habitual en este tipo de locales, dirigidos por asiáticos pero con empleados occidentales.

Guasp, que es argentina, dice que la salvación del supermercado fue poder hacer envíos a todo el país, tanto de sus productos frescos como de la enorme cantidad de alimentos importados que tenían en stock antes de la pandemia.

"Primero fue un choque, pero después no. Es muy bueno tener esos clientes que nos siguieron apoyando. Es todo de puerta a puerta. Todo con las normas y protocolo que nos piden", señala a la agencia Efe.

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