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HISTORICO

27 de enero de 2020

Hace 30 años se desataba en el país la última hiperinflación: nada cambió

Déficit fiscal, deuda, gasto público, dólar, reservas. Como en 1990, la Argentina no cambia sus preocupaciones.

La Argentina siempre tiene un aniversario penoso para recordar. No importa el momento que se esté transitando, se mira para atrás y alguna crisis, como fantasma, regresará del pasado. Algo así sucede estos días, en los que se cumplen 30 años de la última hiperinflación que se vivió en el país, en el inicio del Gobierno de Carlos Menem.

En diciembre del 89, el fracaso del Plan BB (en referencia a los ministros del Grupo Bunge & y Born que manejaron la economía por unos meses) desencadenó el segundo rebrote inflacionario en ese entonces que provocó, sólo en enero de 1990, un aumento de precios de 80%. Fueron tres meses vertiginosos hasta que, recién en abril, comenzaron a descender tras el lanzamiento de un severo plan de ajuste del gasto y anuncio de privatizaciones. Claro que todo eso fue efectivo porque, apenas asumido Erman González, se implementó un canje compulsivo de plazos fijos por bonos a 10 años, el recordado Plan Bonex que “secó” el mercado. Afectó a todos los depósitos de más de un millón de australes, una cifra de apariencia fastuosa pero que representaban poco más de u$s500 de la época.

El tiempo pasó, pero los problemas se repiten. Sorprenden (para mal) las similitudes de aquella época con la actual. Los diarios de entonces hablaban de un déficit fiscal que rondaba el 8% del PBI, un gasto público descontrolado, una balanza de pagos deficitaria, deuda externa, reservas escasas en el Banco Central, una moneda inexistente y, por consiguiente, un dólar que marcaba un nuevo récord día tras día. Nada que hoy resulte extraño.

En el medio, hubo intentos -como la convertibilidad- que permitieron años de calma inflacionaria. Sin embargo, ni en ese momento, ni después se encararon reformas estructurales que permitieran afianzar una economía ordenada. Al contrario, la vocación por un gasto sin la contrapartida de una financiación genuina provocó que la inflación regresara para ser, nuevamente hoy, la principal preocupación económica.

Mientras tanto, en estas tres décadas abundan en el mundo ejemplos de países que, desde situaciones similares, lograron convertirse en países estables. Israel, por ejemplo, competía, en los 80 con tasas inflacionarias como las argentinas. Llegó a tener un alza de precios de 500% en un año y hoy se ubica en menos de 1% anual. Australia no llegó a estar al borde del abismo pero, en cuanto vieron que se encaminaban hacia él, también en los 80, decidieron cambiar y hoy se codea con las potencias mundiales. Más cerca, países vecinos como Chile, Uruguay o Brasil muestran índices envidiables. La receta no es complicada. Se parte de un principio que abruma por su simpleza. No gastar más de lo que se genera. También de esas reformas - impositiva, laboral, previsional y otras - que en la Argentina se prometen, pero nunca se hacen.

En todos esos países, también hubo un denominador común: consenso político. En algunos -como Israel o Australia- de forma explícita. Partidos con ideas distintas que convinieron políticas básicas a respetar más allá de quién gobierna. En los otros, implícitos. Un Gobierno de un signo toma lo bueno del otro y avanza, siempre sobre la base de respetar las ideas que funcionan en el resto del mundo. En la Argentina, en cambio, eso parece impensado y se apuesta a repetir los errores del pasado. Al menos, es lo que muestran estas últimas tres décadas.

 

 

 

Fuente: Ambito

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