AVANCES Y DIVULGACION

17 de octubre de 2019

La velocidad de nuestros pasos refleja la edad de nuestro cerebro

. En la imagen, angiografía por resonancia magnética de un cerebro humano.

En adultos de 45 años, andares lentos se asocian con el envejecimiento prematuro del organismo.

En personas ancianas, la velocidad de la marcha constituye un indicador del estado de salud, así como del riesgo de mortalidad. Pero ¿qué ocurre en edades más tempranas? De acuerdo con una investigación, publicada en tiempo reciente por la revista JAMA Network Open, en sujetos menores de 45 años, caminar despacio se asocia con un envejecimiento prematuro y la aparición de déficits cognitivos.

El estudio, realizado por Terrie E. Moffitt y su equipo de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, en colaboración con científicos de Inglaterra, Nueva Zelanda y Dinamarca, analiza los andares de 904 neozelandeses, en su mayoría caucásicos, nacidos entre abril de 1972 y marzo de 1973, a lo largo de sus casi 5 décadas de vida. En concreto, la evaluación de la marcha se efectuó a los 3, 5, 7, 9, 11, 13, 15, 18, 21, 26, 32, 38 y 45 años de edad. Asimismo, en cada ocasión, los participantes anduvieron de 3 formas distintas: marcha normal, con o sin recitar a la vez letras alternas del abecedario en voz alta, y paso rápido, a máxima velocidad.

Así pues, en primer lugar, los investigadores observaron que los adultos de mediana edad más lentos presentaban un mayor deterioro de órganos y tejidos como los pulmones, la dentadura o el sistema inmunitario. Además, el escáner cerebral realizado en el último control detectó una disminución del volumen del cerebro, así como del grosor de la corteza cerebral en dichos sujetos. Las imágenes también revelaron la presencia de pequeñas lesiones en los vasos sanguíneos que irrigan el sistema nervioso central. Ello sugiere que el cerebro de estas personas envejecería de forma prematura.

Sin embargo, y para sorpresa de los autores, los resultados de las pruebas cognitivas que los participantes realizaron a la tierna edad de 3 años permitían predecir las alteraciones observadas a lo largo de la cuarta década de vida. Así, los infantes con menor coeficiente intelectual, capacidad para entender el lenguaje, destreza motora y control emocional devinieron adultos de andares pausados.

Moffit y sus colaboradores destacan el carácter preliminar del trabajo, además de algunas limitaciones, como la falta de escáneres cerebrales antes de los 45 años o la evaluación de las habilidades cognitivas más allá de la infancia. Asimismo, desconocen el porqué de la relación entre la lentitud de los pasos y el deterioro temprano del cerebro.

Empero, de confirmarse el hallazgo, la medición de la velocidad de la marcha supondría un método rápido y económico para valorar el grado de envejecimiento del organismo. En un futuro, ello facilitaría la intervención temprana, incluso en gente joven, a fin de detener y revertir el deterioro asociado al paso del tiempo.

El hallazgo podría ayudar a tratar y revertir los efectos del envejecimiento, mucho antes de la aparición de los primeros síntomas de deterioro. 

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