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2 de octubre de 2019

River ganó porque es mejor que Boca, más allá de planteos y quejas de Alfaro

Gustavo Alfaro deberá cambiar para dar vuelta la serie ante River

Argentina está repleta de slogans mentirosos. En estos días se reproducen en carteles vacíos de contenido. Gallardo es uno de los pocos líderes que dice y cumple. La gente de River le cree. Los dirigentes le dieron la llave del club. Aunque lo más relevante es que sus jugadores están encolumnados detrás de él. Saben que siempre tendrá un plan ganador.

Así armó otra vez el mejor equipo de la Argentina. Su espalda achica tiempos, su confianza demuele dudas, su suerte define a favor en algún rebote o jugada dudosa. Nada de eso le quita méritos a que volvió a ganarle a Boca sin el Pity Martínez, sin Maidana, sin Ponzio, con Pratto en el banco de suplentes y con Quintero aún en recuperación. El Muñeco tiene 5 años en el club, no el equipo. En diez meses colgó otro póster. Se podrán buscar diversas razones para explicar el 2 a 0 en el Monumental. Todo debería ir detrás de un concepto tan sencillo como demoledor: River ganó porque es mejor que Boca. El error fue equiparar la serie por algunos triunfos recientes. El fútbol tiene lógica. Más allá de planteos que algunos consideren inteligentes sólo por un resultado, a la larga se cuelga la medalla el que le impone condiciones a su rival, el que demuestra jerarquía, el que tiene carácter e inteligencia para jugar en noches que definen una vida. Aunque sea injusto, un clásico cambia más que una carrera.

Una pregunta sin respuesta es por qué pasan los años y River tiene mejores jugadores que Boca. No pasa por la billetera porque hace rato que anda a los valijazos en los mercados de pases. Tal vez tenga que ver con el ojo de Gallardo, con el entrenador que define la estrategia, con el sistema de juego. O con la marca de la final en Madrid. Si en la Copa pasada salía campeón Boca seguramente al tiempito no se hubieran querido ir Nández ni Benedetto. Ni habrían empujado a la puerta de salida a Wilmar Barrios y a Pablo Pérez. En la cancha se nota la diferencia. Hoy River obliga a los demás a ver cómo jugarle. El entrenador de Boca cayó otra vez en la trampa de Soldano de volante por derecha para correr a Casco. Puede ser que el hincha se haya enamorado de ese empate por el torneo local por el sufrimiento que le había generado diciembre del 2018. Más difícil es creer que alguien experimentado como Alfaro haya repetido la jugada. A Soldano lo expuso de nuevo en una función que no siente ni sabe hacer. Quedó delatado un error en el armado del plantel. ¿Boca gastó una fortuna en refuerzos para inventar a un centrodelantero de 8 en uno de los dos partidos más importantes del año? Después hay niveles individuales que son más por culpas propias. Bebelo Reynoso es un talentoso del que se enamoraron sus compañeros en las prácticas. En el Monumental no entendió la temperatura de un clásico de semifinales de Copa. Estas son las noches que definen a los jugadores de partidos importantes. Por más técnica que tengas no se puede jugar tan livianito.

Alfaro suele ser un hombre políticamente correcto. Perdió la línea dos veces esta vez. En vez de hablar de por qué Boca fue superado y bajar un mensaje sólido de cómo dar vuelta la historia en la Bombonera, criticó que River se tira permanentemente en el área. Hasta blanqueó que les había hecho ver a sus jugadores un video con las simulaciones de los rivales. Es importante estar en todos los detalles. El tema es que apenas empezó el partido, Más -zurdo hasta para guiñar el ojo- cerró con derecha cuando Borré era marcado de frente por Izquierdoz y le hizo penal... Ahí el colombiano no simuló. La otra patinada fue en la cancha. Esta vez arrancó distinto a último partido. Poner a Bebelo por De Rossi habla de otra ambición. No jugó sólo a cuidar el cero de Andrada. Lo extraño fue que en el segundo tiempo, en vez de seguir con su táctica alfarista, empezó a revolear nombres ofensivos sin un plan. Tevez pasó de ser suplente entre los suplentes a primer cambio. Salvio entró pese a estar tocado. Y después Zárate. River no sólo se había puesto 2-0 con el buen gol del enorme Nacho Fernández. Por falta de eficacia no cerró la serie en 90 minutos. Fue un resultado barato. Pudo haber terminado 4-1... El gol de Boca casi llega por ese mano a mano de Capaldo. Muchos crucifican al pibe. Erró una de esas jugadas que no se fallan. Pero es un volante que pisó el área y pateó de zurda. ¿Si erraron cracks en una final de Mundial no va a poder perderse él un gol? El problema es que un equipo enorme como Boca no puede apostar todo a una sola jugada.

River quedó dos veces mal parado. Aunque todo el tiempo mostró su solidez de equipo. Para jugar y para cortar rápido con foul si la jugada lo pedía. Tiene que ver con la inteligencia para parar el juego rival, no con una ayuda de los árbitros. De hecho el penal que descubrió el Var fue penal. Y si bien la patada de Capaldo era para amarilla, Lisandro López debió ser expulsado. River es voraz para atacar y para recuperar la pelota. Casco jugó otro partido extraordinario, con perfil bajo y nivel altísimo. Tiene todo para pelearle fuerte el lateral izquierdo a Tagliafico en la Selección. Algunos periodistas de River dudaron sobre la hora del partido pero jugó Pinola, un experimentado que sabe cómo son estas batallas. Enzo Pérez otra vez fue salida inteligente como volante central. Gallardo le inventó ese puesto en el atardecer de su carrera y él se convirtió en el mejor 5 del país en la actualidad. Hoy está por encima de Marcone y del chileno Díaz, quien bajó su nivel en Racing. Hace meses que nadie extraña al gran capitán Ponzio. Nacho Fernández ratificó por qué Riquelme habla tan bien de él. De la Cruz encaró a todos con frescura. Borré inquietó. Cuando Gallardo lo declaró hubo quienes lo vieron vanidoso. Otra vez había dicho la verdad. River sabe jugar esta clase de partidos. Ese tampoco es un slogan mentiroso pintado en una pared cualquiera de la Argentina.

 

 

 

 

 

Fuente: Infobae

 

 

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