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2 de junio de 2019

El viaje sin retorno de la reportera de guerra con parche en el ojo

Un documental reconstruye los últimos días de vida de la corresponsal Marie Colvin, fallecida en Siria en 2012

Decían los excompañeros de trabajo de Marie Colvin que inspiraba más miedo que las guerras que cubría para los medios de comunicación. La leyenda de esta pionera corresponsal estadounidense se agrandó con el parche que lucía en su rostro desde 2001, tras perder un ojo en Sri Lanka.

Las crónicas que firmaba desde 1985 para el diario británico The Sunday Times se centraban en dignificar a las víctimas civiles de las zonas de conflicto, aunque su fuerte carácter le puso difícil encontrar un aliado profesional. Fue así hasta que conoció al fotógrafo Paul Conroy. Viajaron juntos a Siria en 2012, pero solo él regresó con vida.

El documental Misión Mortal (Under the Wire) que se emite el 5 de junio en Movistar +, muestra mucho más que los últimos días de la reportera fallecida a los 52 años. Sus minutos finales reconstruyen, en tono de thriller, el viaje de regreso de los corresponsales que sobrevivieron al ataque contra un improvisado centro de prensa en la ciudad de Homs, atribuido al Estado gobernado por Bachar al Asad. Colvin, que recibió tras su muerte un homenaje en las calles Siria, se había colado en el país después de que se le negara un visado para cubrir el conflicto bélico.

"Los obituarios decían de ella que era una mujer sin temor a nada. No creo que fuera cierto. Tanto ella como Paul son personas hechas de otra pasta que, a pesar de tener miedo, están dispuestas a pasar por encima de él", cuenta a EL PAÍS Chris Martin, el director del documental inspirado en el libro autobiográfico publicado por Paul Conroy. El texto también se ha convertido en una película, La corresponsal, con Rosamund Pike y Jaime Dornan interpretando a los dos periodistas.

Además de las imágenes de archivo recuperadas, el propio fotógrafo británico es el testimonio principal de la cinta para hablar, entre otras cosas, de la persona a la que consideraba su alma gemela.

"Su amistad estaba basada en una química muy peculiar porque ambos son muy peculiares. Él es el único hombre en el que Marie confió en toda su vida. Valoraba que fuera un tipo práctico, que tenía un pasado como soldado y mantenía siempre la calma. Compartían un sentido del humor muy oscuro que les servía de mecanismo de defensa", comenta el cineasta por teléfono desde Líbano, donde prepara su siguiente proyecto.

Misión mortal le sirve a Martin para rendir homenaje a toda una profesión: "Aunque los reporteros de guerra ya existían, la Guerra Civil española hizo que tuvieran relevancia a nivel internacional. Pero ahora domina un tipo de periodismo adormecido, que da más importancia a contertulios polémicos y que está pensado para ser consumido en masa. Así que las verdades sobre la guerra se cuentan principalmente en las redes sociales".

El documental muestra a Colvin, Conroy y otros periodistas como soldados con cámara, con distintas armas y distintas motivaciones que los ejércitos, aunque en mismo campo de batalla. "Ahora es cuando empezamos a valorar lo que hemos perdido casi sin darnos cuenta, porque dábamos por sentado que la voz de ese tipo de corresponsales de guerra iba a estar ahí siempre", lamenta Martin.

También es su forma de recordar que la crisis de refugiados es, en parte, responsabilidad de los países occidentales y no solo una cuestión de solidaridad. "En mi opinión, casi todos los Gobiernos que han participado en el conflicto de Siria se han aprovechado de la situación para obtener un beneficio propio. Ninguno de ellos ha tenido la menor empatía con la gente de Siria", defiende.

El tono de thriller que el británico imprime a Misión mortal está heredado del libro de Paul Conroy, pero también de su experiencia trabajando durante años para la televisión estadounidense. Es, según sus palabras, "una forma de enriquecer la narración sin abandonar el rigor informativo".

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