El ataque, que se ha atribuido el ISIS y en el que han fallecido 19 personas, es el peor que han sufrido las tropas norteamericanas desde su despliegue en el país

Cuatro estadounidenses —entre ellos dos soldados— se encuentran entre las al menos 19 víctimas mortales causadas por un terrorista suicida que ha hecho explotar su chaleco este miércoles en la ciudad siria de Manbij, en el norte del país, según ha confirmado la coalición internacional liderada por Estados Unidos. Existen varios heridos, entre ellos tres militares estadounidenses, por lo que la cifra final de efectivos muertos podría aumentar. El peor ataque que han sufrido las tropas norteamericanas desde su despliegue en el país llega semanas después de que el presidente Donald Trump ordenase la salida de las tropas norteamericanas y declarase vencido al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Aquella decisión, desoyendo el consejo y las objeciones de altos cargos de la seguridad nacional llevó a la dimisión del secretario de Defensa, James Mattis.

Fuentes militares de EE UU han confirmado que entre las víctimas hay dos militares, un civil que trabaja en el Pentágono y un contratista.

"Según nuestras informaciones, el atentado ha causado 20 muertos, entre ellos cinco soldados estadounidenses. Podría ocurrir que afecte a la decisión de la retirada", dijo el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, durante una rueda de prensa en Ankara junto a su homóloga croata, Kolinda Grabar-Kitarovic.

El ataque se produjo pasado el mediodía local en un restaurante en el centro de la ciudad, donde los soldados estadounidenses hacen un alto para comer y habitualmente frecuentado por miembros del Consejo Militar de Manbij, integrado por milicias de oposición respaldadas por Turquía. El ISIS se ha atribuido la autoría del atentado a través del canal de Telegram de su brazo propagandístico Amaq e identificado al suicida como Abu Yasin al Shami.

Tras el ataque, en las calles de Manbij se veían blindados estadounidenses, mientras los soldados armados hacían guardia, constató un colaborador de la agencia AFP.

La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee, dijo en un breve comunicado que el presidente estadounidense había sido informado sobre el ataque y seguirá "supervisando la situación en Siria". Por su parte, el vicepresidente Mike Pence, hablando a un grupo de embajadores en la sede del Departamento de Estado en Washington, aseguró que la decisión de Trump de retirar los soldados del país árabe se mantenía. "Estamos trayendo a nuestras tropas a casa. El califato se ha desmoronado y hemos derrotado al ISIS", proclamó Pence sin mencionar el ataque registrado unas horas antes.

El pasado viernes, Estados Unidos iniciaba una confusa y caótica salida de Siria que en principio solo afectaba a material de guerra. Poco antes de que esto sucediera, el consejero de seguridad nacional del presidente, John Bolton, indicaba que la retirada podía durar meses o incluso años. De momento no existe un plan detallado oficial.

El ataque sería el más grave sufrido por las tropas estadounidenses desde que comenzó su despliegue de cerca de 2.000 soldados en Siria, en 2014. Otros dos soldados estadounidenses han muerto en Siria antes del atentado de este miércoles, uno en marzo del año pasado y otro en 2016, ambos por explosiones de artefactos en las carreteras.

El pasado verano, Ankara y Washington acordaron expulsar a las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo), a las que Turquía considera una "organización terrorista", de la ciudad de Manbij. En 2016, las FDS, apoyadas por la coalición internacional, echaron al ISIS de Manbij, tras 73 días de combates. En 2017, el Pentágono informó de que tropas estadounidenses habían sido desplegadas en este sector.

Después de que Trump anunciara la retirada de las tropas estadounidenses de Siria, Turquía advirtió a Washington de que lanzaría una nueva ofensiva contra las YPG. Trump amenazó el pasado domingo con "devastar económicamente" a Turquía si Erdogan decide atacar a sus aliados kurdos.

Las cambiantes y confusas declaraciones de Trump sobre el devenir de las YPG y los detalles de la retirada estadounidense han acabado por acercar Turquía a Moscú y a los kurdos a Damasco. Las FDS han rechazado la mañana de este miércoles la última propuesta avanzada por EE UU y Turquía. En ella se retoma el plan que lanzó en 2013 el mandatario turco, Recep Tayyip Erdogan, de crear una zona de seguridad de 30 kilómetros en la frontera norte de Siria patrullada por sus tropas. “Damos la bienvenida a una fuerza compuesta por tropas internacionales, occidentales o europeas. Pero Turquía es parte del problema y no es neutral por lo que rechazamos esta solución”, ha declarado a EL PAÍS Mustafa Bali, portavoz de las FDS.

“Lo que ofrecen es una invasión pacífica las ciudades kurdas como Kobane, Derik, Qamishli y otras tantas apostadas a lo largo de la frontera. Algo que no podemos aceptar”, dice desde Kobane y en mensajes de WhatsApp un oficial kurdo amparado en el anonimato. El oficial asegura que se han intensificado las negociaciones con el Gobierno de Bachar el Asad y que “llegado el caso, prefieren pactar con damasco un despliegue de las tropas regulares sirias en el norte a que entren los soldados turcos”.

"Estamos convencidos de que la única opción y la más óptima es el traspaso de esos territorios al control del Gobierno sirio, el Ejército sirio y las administraciones locales", han sido las palabras del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, este miércoles después de que el Gobierno sirio tildara la propuesta de una zona de seguridad como “agresión turca”.

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