Gimena de 26 años, estudiante de fonoaudiología, perdió su pierna derecha en un accidente y el sábado quiso entrar a bailar en La Morocha, pero en la puerta le dijeron que no pasaba “por su condición”. Las disculpas de los dueños del boliche.

Luego de que un policía alcoholizado la atropelló, una mañana de febrero de 2016, cuando caminaba con su novio por la rambla de Mar del Plata, Gimena Zelaya firmó la amputación de su pierna derecha.

Y al despertar, luego de la operación, supo que una nueva vida había comenzado.

“Hay que darle para adelante”, se dijo. Y así lo hizo. Entonces, tenía 23 años y un espíritu que fortalecer.

Para rehabilitar sus músculos, primero empezó a nadar. Luego, se anotó gimnasia funcional. Ese fue el comienzo de un camino cargado de cariño de quienes la quieren, quizás el motor que la ayudó a superarse todos los días.

Hoy, con 26 años, Gimena tiene el pelo largo y negro, estudia fonoaudiología y los domingos se levanta temprano porque a la mañana trabajará en alguna feria de la provincia: también vende zapatillas junto a su familia.

Los fines de semana le gusta salir a bailar. Pero el último sábado, en el boliche La Morocha no la dejaron pasar.

En la puerta del local de la avenida Perón, se le acercó un patovica y le dijo que no podía ingresar porque era una fiesta privada y que necesitaba una invitación. “Le dije que mis amigas ya habían pasado y que no me mienta, que me diga por qué no me dejan pasar”.

En la boletería, mientras algunos entraban y otros salían, este fue el diálogo con el patovica que recuerda Gimena.

-Decime por qué no me dejás pasar, le pidió.

-No te puedo dejar pasar, respondió el portero.

Unos minutos después Gimena dio la espalda, sacó su teléfono celular y mandó un mensaje público al perfil de Facebook del boliche: “Mucho que desear. Por ser amputada no me dejaron pasar”.

Luego volvió a su casa en Villa Carmela junto a sus amigos. “Yo no me pongo ninguna limitación, no entiendo cómo estas personas me la tienen que poner”.

“Me hace sentir re mal. Fue una situación de mierda. Ya había ido a ese lugar otras veces y no había tenido este problema. Ahora veo a todas las personas que escriben porque les pasó algo parecido. Parece que en ese lugar es frecuente la discriminación”, dice, después de haber leído las otras denuncias en los comentarios de los posteos.

Gimena cuenta que recibió mensajes de los empresarios Sebastián Alperovich y Sebastián Longo, (ex futbolista de Atlético Tucumán) quienes, en rol de propietarios del lugar, le pidieron disculpas.  Lo hicieron también públicamente mediante un posteo en Facebook.

“Dicen que el patovica no va a trabajar más ahí y me ofrecieron que charlemos. Quizás el patovica no tiene la culpa porque uno sabe que estas cosas vienen de arriba y siempre se corta por lo más fino. Yo le acepté las disculpas pero les dije que iba a tomar las medidas legales que corresponden al caso”.

Dice, que en estos años, aprendió a superarse día a día. Pero quizás no todas las personas pueden encarar esta situación así. Y que por eso lo hizo público. “Te imaginás de alguien que salga por primera vez y le ocurra algo como esto… estamos en el 2019... ¿sabés el retroceso enorme que puede ser en la vida de esa persona una situación así?”, pregunta Gimena quien el lunes presentará la denuncia por discriminación en el Inadi.

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