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5 de enero de 2019

La violación tiene que ver más con el poder que con el placer

Cuando la agresión es colectiva entran en juego la ostentación de masculinidad y la humillación de la víctima. Tres denuncias estos días.

Argentina sigue en shock (más allá de amarillismos, revictimizaciones y otros síntomas de que el patriarcado nos atraviesa funestamente a todos). Argentina sigue hablando del “abuso sexual con acceso carnal” (tal la carátula de la causa) que sufrió una nena de 14 años en un camping de la provincia de Buenos Aires, y por el que están detenidos cinco varones mayores de edad. Se manejan miles de detalles, miles de enojos, miles de excusas (alcohol, padres irresponsables, chica ‘fácil’, varones ‘enfermos’).

Dos acotaciones: no fue el único caso de esa madrugada (Ver: El horror no acaba), por un lado. Por el otro: se habla mucho, pero no parece haber mucho margen para la reflexión.

¿Cómo explicar estos episodios de feroz violencia grupal? ¿Pensamos que casos como este suceden desde antaño y a menudo? (La diferencia es que ahora las víctimas se animan, un poco, a denunciar) ¿Que es probable que vuelvan a ocurrir, incluso en nuestro círculo cercano, como víctimas, pero también como victimarios? ¿Es posible prevenirlos? ¿Es sólo cuestión de jóvenes o los adultos también somos capaces de ello?

 

Animales de horda

 

Suele decirse, citando al filósofo griego Aristóteles, que los humanos somos animales gregarios (con tendencia a agruparse). “Pero Freud fue un paso más allá -relata la psicoanalista Mariela Mozzi, profesora de Estrategias de Prevención de la Facultad de Psicología de la UNT-: nos describe como ‘animales de horda’. Y eso es clave, porque pone la mirada en lo que aglutina, lo que da forma al colectivo humano, que es el líder”.

Cuando Freud habla de líder no piensa sólo en personas; más bien en “algo” (puede ser una idea -Freud lo llama ideal-, como ganar el Mundial) que logra identificar entre sí a varias personas. Pero es cierto que con frecuencia el ideal está representado en una persona: el líder.

“Lo grupal es inseparable de lo humano. Toda familia es un grupo, e históricamente transmite y reproduce pautas culturales, que definen, entre otras cuestiones, qué es ser hombre y ser mujer y el modo de vincularse entre los sexos”, destacó Graciela Nieto, también psicoanalista tucumana. Primer dato clave.

 

Los jóvenes

 

“El grupo de pares es fundamental para el adolescente en el momento de iniciar el proceso de separación del ámbito familiar y salir al mundo”, explica Mozzi. Pero, advierte, esa pertenencia que permite conquistar el mundo exogámico tiene un costo: “el grupo es tirano, exige lealtad y flota sobre sus miembros una amenaza de castigo: la exclusión”, resalta.

Además de permitir “que los chicos crezcan”, este lazo entre los miembros puede generar desde efectos heroicos (pensemos en voluntarios en zonas de catástrofe) hasta actos terriblemente violentos en personas que, por lo demás, son “perfectamente normales”. Y este es otro ingrediente básico.

“No es una cuestión de adolescentes; la violencia colectiva la ejerce gente de todas las edades. Pero los adolescentes son más susceptibles a la influencia del líder, y al temor de la exclusión -explica Mozzi-. Y entonces, como la masa no piensa, entre los jóvenes puede ser más difícil encontrar el ‘momento de prevención’”. Y hoy nos centramos en el abuso sexual -añade-, pero todo se desliza a situaciones menos graves pero donde el influjo del grupo es determinante: consumo de alcohol, drogas o hechos de violencia entre bandas”.

 

La violación

 

Esta es la tercera pata para entender lo que tiene a Argentina en shock: “Violación es el acto de penetrar sexualmente a otra persona sin su consentimiento. Es un acto de agresión habitual en la violencia de género (...) generalmente cometido por un grupo, o en función de un grupo”, define la RAE Y la última acotación es muy importante.

“La violación -explica Mozzi- no tiene que ver con el placer, sin con el poder”. Y lo que se erotiza, especialmente en las violaciones en banda, es el ejercicio del poder y la humillación pública de la víctima”, explica por su parte Laura Quiñones García, especialista en Criminología, Criminalística y DDHH, en el diario La Nación. Y añade que la hostilidad física y verbal durante el acto busca manipular a los reacios a cometer lo y la aprobación de los pares.

“Como explica (la antropóloga feminista argentina) Rita Segato, la violación siempre tiene que ver con otros hombres: es respuesta al mandato social de masculinidad. Incluso cuando es violación individual, hay otros hombres (aunque sea en la fantasía) a los que se les demuestra ‘lo macho’. La exigencia de mostrar la masculinidad a otro/s hombre/s es el eje de esta cuestión”, sostiene.

La víctima, por su parte, es un ser degradado. “La persona violada pierde en ese acto su condición subjetiva para quedar sometida a la voluntad del otro en su ser más íntimo: su intimidad sexual. Es objeto del goce sádico y de demostración de poderío”, explica Nieto. Y Mozzi acota que suele haber un componente de adoctrinamiento moral (que reproduce parte de la sociedad): “Se lo merece... le pasa por provocativa... o agravios mayores.

 

¿Qué nos cabe hacer?

 

Habría que deconstruir las creencias que nos habitan y que naturalizan los abusos, recalca Mozzi. Inculcar, especialmente a los jóvenes, que somos sujetos de derechos (surgidos para regular excesos), que debemos ejercer y respetar. “No hay una solución única, salvo estar advertido. A mis hijas les digo ‘tenés razón y tenés derecho. Y no es tu culpa, pero no podés ignorar que las cosas pasan’”. Hay personas que justifican la violación porque una mujer anda sola. Y eso implica que hay sujetos a la espera de una oportunidad y que el crimen se justifica por la circunstancia” .

 

El horror no acaba

 

Denuncian al menos dos casos más

 

Uno en Las Lajitas, Salta; otro cerca de la ciudad de La Plata, en Buenos Aires: dos nenas (una 14 años; la otra, 15). Grupos de varones adultos (aparentemente, en el caso de Salta, con complicidad de la madre de uno de ellos). La salteña, según la denuncia de su mamá -que fue quien la rescató- fue drogada. La mujer informó que volvían todos de cenar en lo de una abuela, y a una cuadra de su casa la nena se quedó hablando con una amiga. Luego una vecina le avisó que unos hombres la habían hecho entrar a otra vivienda. La bonaerense, en cambio, denunció que fue atacada por siete encapuchados y que entre tres la sujetaron; los otros la manosearon y uno la violó. Logró zafar y pidió auxilio.

 

 

 

Fuente: La Gaceta

 

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