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29 de octubre de 2018

Un juez de la Corte Suprema publicó un libro sobre Frankenstein y los convencionalismos

Bajo el título 'Ensayo sobre el prejuicio', Horacio Rosatti utilizó al mítico monstruo para analizar la mirada estética.

El juez de la Corte Suprema, Horacio Rosatti, publicó un libro bajo el título "Ensayo sobre el prejuicio", donde analizó, a 200 años de su publicación, Frankenstein, el escrito de Mary Shelley. En su obra el magistrado habla sobre los convencionalismos estéticos y la mirada ética que nace al asimilar "lo bueno con lo bello y lo malo con lo feo".

En el adelanto de su obra, publicada por Taurus, Rosatti explicó, usando como eje narrativo al mítico monstruo. "Concebida en la gélida y lluviosa madrugada del 16 de junio de 1816, entre las 2 y las 3 a.m., en un marco lujurioso y hedonista que mezcló la poesía con otros placeres, producto de una apuesta literaria sostenida por un grupo de renombrados intelectuales refugiados en un castillo a orillas del lago Lemán, en Ginebra, durante un verano que insólitamente fue invierno, Frankenstein o el moderno Prometeo fue terminada en 1817 y publicada en 1818, y llegó a ser, en su tiempo, una novela relativamente exitosa", afirma el juez.

En ese sentido, el magistrado, que resalta la popularidad de la obra llegó de la mano del cine, recordó que la trama "se trata de la narración, encapsulada por la intermediación de otros relatos, de las vicisitudes de un médico que, obsesionado por vencer a la muerte, decide construir (o reconstruir) un ser (¿humano?) a partir de partes cadavéricas de varios seres humanos".

"A medida que avanza en su construcción y desde el momento en que logra su objetivo, la trama —inicialmente concentrada en los avatares médicos del emprendimiento— se desplaza hacia el dilema moral que genera al creador su creación (a quien visualiza súbitamente como un monstruo) y, fundamentalmente, desde el instante en que el engendro cobra vida y huye del laboratorio en que fue concebido, hacia las desventuras de la creación liberada", continuó.

En ese sentido, destacó que "el monstruo es un ser diferente a los demás seres vivientes. No tiene identidad, no tiene una cultura heredada ni quienes se ocupen de proporcionársela. Lo que aprende lo aprende a partir de sus experiencias, que, en general, terminan siendo traumáticas. Pero además de ser diferente por su origen, la criatura es diferente por su apariencia. Y esta diferencia estética es motivo de rechazo por parte de su prójimo".

"Abandonado a su (mala) suerte, el monstruo se reencuentra con su creador para pedirle —en realidad exigirle— que construya una mujer artificial como él y para él, de modo de no sentirse solo. La traición del médico, que primero accede al deseo del monstruo y luego —en mitad de su creación— se arrepiente, enloquece a la criatura, que decide vengarse asesinando a todos los afectos de su creador para luego huir hacia el Polo Norte buscando diluirse en el olvido (y tal vez la muerte)", puntualizó Rosatti.

Por lo que se preguntó: "¿Es razonable analizar algo real y tangible como el prejuicio a partir de algo no real o no tangible como el monstruo de una novela? ¿O se trata de un ejercicio desquiciado, propio de un lunático? "Los actos locos, como los actos cuerdos, esto es, toda clase de actos de conducta, se caracterizan porque son actos de relación" y resaltó: "Hay actos casi­locos (o casi­cuerdos), porque entre el imaginar que una cosa es y creer que es hay situaciones intermedias; también tienen su lógica, la que deriva de la duda y de los grados de duda".

"El monstruo de Frankenstein es en parte verdad (como manifestación cultural) y en parte fantasía (tomado como ser concreto); es en parte hombre (tiene sentimientos humanos y comportamientos humanos) y en parte no­hombre en tanto no­individuo, en el sentido en que Séneca utilizó este concepto: se es "individuo" si se es "indiviso" (aquel que no se puede dividir sin dejar de ser lo que es)", relató el magistrado en una obra que, en toda su extensión, permite alcanzar la reflexión y generar una mirada analítica donde la ficción es el punto de partida para evidenciar una realidad de prejuicios ocultos y visibles.

 

 

 

Fuente: El Intransigente

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