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ECONOMIA

4 de enero de 2023

Informe especial: el peso argentino en sus 31 años

Lo cierto es que, tras muchos vaivenes monetarios, luego de una etapa de hiperinflación que se vivió en la década de 1980, que alcanzó índices de 764% en mayo de 1989, el gobierno de Carlos Saúl Menem instauró, en 1992, el peso en reemplazo del Austral (10.000 australes equivalían a un peso, por lo que se le quitaron cuatro ceros a la moneda) y aprobó la Ley 23.928 (de Convertibilidad) que determinó la equivalencia entre un peso y un dólar.

Luego, a partir de 2002, recuperó una de las características importantes de la moneda: la de flotación cambiaria y el rol de instrumento de financiamiento del Estado, aunque con la herencia del "corralito". Pero, a partir de 2007, comenzó a sentirse de manera mucho más fuerte una tendencia inflacionaria y es por eso que, desde 2011 entraron en vigencia los controles cambiarios, que con el tiempo se volvieron más estrictos cada vez, aunque con un período de desregulación cambiaria que se dio desde 2016 a 2019, que llevó a una nueva crisis monetaria, que se intenta revertir desde hace tres años en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Podemos afirmar que $10 de enero de 1992 serían equivalentes a $1.000 de ahora. Las consecutivas escaladas inflacionarias generaron una devaluación de casi el 100% del valor para el peso”, describe el economista Fabián Medina.

Cómo deterioró la inflación al peso

Y, esto es reflejo de que, tal como apunta el director de Analytica Claudio Caprarulo, “dado que en los últimos siete años tuvimos una inflación de 1500%, se deterioraron las funciones mencionadas del peso” de la siguiente manera:

Explica que el rol como medio de pago es el menos deteriorado, quizás, porque el Gobierno recauda en pesos y eso siempre fija un nivel muy alto de utilización de la moneda y de aceptación, pero lo cierto es que el peso vale cada vez menos y eso nos lleva a vivir en una economía bimonetaria de hecho.

Y en ese sentido, apunta que, “el rol como unidad de cuenta empieza a deteriorarse porque muchos bienes empiezan a cotizarse en dólares”, tales como el mercado de propiedades, que está dolarizado, al igual que los de otros bienes durables, como los autos, las embarcaciones y algunos servicios profesionales. Eso hace que el dólar compita con el peso como unidad de cuenta en Argentina.

Finalmente, Caprarulo menciona que “estamos terminando el año con una inflación cercana al 100% y que estos niveles de suba de precios le hacen perder al peso la característica de reserva de valor que debería tener, lo que alienta una economía bimonetaria porque la gente ahorra principalmente en dólares”.

La Convertibilidad, ¿origen del bimonetarismo?

Así, para Zeolla, un gran problema del peso es que “nunca pudo revertir el elevado peso de la construcción bimonetarista de la década de 1990”. Para él, ese es el origen del rol preponderante que el dólar tiene en la actualidad en el ahorro minorista y el sector inmobiliario.

En un sentido similar opina Medina cuando sostiene que, desde enero de 1992 hasta ahora, el peso hubiera tenido mejor performance si no hubiera existido la Ley de Convertibilidad, creada como un mecanismo para reprimir la inflación, hasta enero de 2002, porque considera que, en ese caso “hubiera tenido una dinámica mucho más tranquila y clara y no grandes saltos devaluatorios como hemos visto”.

Sin embargo, destaca que el peso “aún es tranzable y recuperable”. Aunque, para ello, considera esencial mejorar los niveles de inflación actuales, en torno al 96% anual.

Asimismo, Zeolla considera que ciertas políticas han promovido la dolarización privada, tales como las devaluaciones. Y señala que “la principal tarea pendiente es la mayor pesificación del ahorro y las transacciones”.

La Argentina tiene una economía con fuente impronta bimonetarista.

Y sostiene al respecto que la capacidad de tener instrumentos de ahorro en pesos que hagan que no pierda valor es un objetivo esencial. Así, plantea que el Estado tiene que promover el uso del crédito y el ahorro en la moneda nacional, como se hace en toda América latina y el resto de los países en desarrollo.

Destaca, en este sentido, la implementación de los plazos fijos UVA, que se crearon a partir de 2020, son una buena forma de fortalecer el rol del peso en el ahorro minorista, sin embargo, advierte que “la aceleración tan brusca de la inflación trajo nuevas dificultades en el ahorro”.

La pérdida de valor del peso y sus logros

Tal es así, que se hizo célebre en las redes sociales en el último tiempo una frase que reza que “si durante un año ahorrás un peso por día, al finalizar ese período tendrás un dólar” y un twittero muy seguido por varios especialistas en economía de la City señaló hace unos días que, si desde el día del nacimiento del peso, una persona guardaba $1 por día durante los siguientes 30 años y 11 meses, hoy tendría $11.322, que equivalen alrededor de u$s32. “Te robaron tres décadas de ahorro”, concluía.

Sin embargo, las tasas implementadas en el último tiempo por el BCRA le hubieran garantizado a ese mismo ahorrista una TNA del 75% anual y una TEA del 107% en el caso de haber puesto los pesos en un plazo fijo, por lo que ese cálculo no tiene en cuenta los instrumentos de capitalización y ahorro que tiene a disposición el ahorrista.

Por otro lado, más allá de todos sus males, el peso tuvo, hasta ahora, mejor suerte que sus predecesores porque está conmemorando sus 31 años de vida, mientras que, antes de su nacimiento, la Argentina cambió cinco veces de signo monetario en solo veinte años. Merecería, por lo menos un reconocimiento a la permanencia.

Asimismo, si bien en los últimos diez años viene mostrando mucha volatilidad, hasta 2011 venía manteniéndose bastante estable comparado con otras monedas argentinas anteriores. Ya que se mantuvo con la paridad 1 a 1 por diez años y luego estuvo por debajo de los $5 otros casi 12 años y, desde 2011/2012 comenzó un sendero de devaluación más fuerte, acentuado por el desdoblamiento cambiario que trajo la implementación del cepo.

Así, teniendo en cuenta que aún conserva su aspecto transaccionable, y que cuando la política de tasas lo favorece aún logra canalizar parte de los ahorros, tal como indica Medina, todo indicaría que aún es recuperable. Y Caprarulo tampoco niega esa posibilidad, aunque reconoce que “revertir esto nos llevará muchos años”, pero considera que hay que hacerlo de manera sostenida y sostenible y no pensar en soluciones mágicas, como, por ejemplo, la convertibilidad o una dolarización, que “no son soluciones duraderas y generan mucho daño en el mediano y largo plazo”.

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