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13 de diciembre de 2022

Escala la crisis en Perú y temen más violencia en las calles: presionan por la salida de Dina Boluarte

La presidenta intenta adelantar las elecciones para 2024, pero simpatizantes de Pedro Castillo exigen su renuncia. Convocan a una “Marcha sobre Lima”.

Perú entró en una crisis de difícil resolución y de consecuencias imprevisibles. Al menos cinco muertos en protestas en varias ciudades del sur del país, dos aeropuertos tomados en 48 horas y un paro indefinido convocado por organizaciones indígenas y campesinas acorralaron a la presidenta Dina Boluarte a menos de una semana de asumir el poder.

Miles de simpatizantes del destituido mandatario Pedro Castillo están en las calles. De nada le sirvió a la mandataria anunciar un proyecto para adelantar los comicios para abril de 2024. Los manifestantes subieron la apuesta: quieren su renuncia, la liberación del exjefe de Estado, la disolución del Congreso y “elecciones ya”, sumiendo al país en un escenario de enorme incertidumbre.

“Esto puede terminar peor” que el estallido social de Chile de 2019, advirtió a TN el analista político peruano David Rivera.

La crisis en Perú puede profundizar la lógica de una lucha de clases

Los manifestantes tomaron entre el domingo y el lunes los aeropuertos de Andahuaylas, en la región surandina de Apurímac; y el de Arequipa, la segunda ciudad del país. Ambas terminales aéreas estuvieron en manos de simpatizantes de Castillo durante varias horas hasta que fueron desalojados por las fuerzas de seguridad. En los enfrentamientos murieron al menos cinco personas y decenas resultaron heridas.

Las protestas se suceden en varios puntos de las regiones del sur, donde se asienta el bastión electoral de Castillo.

“Esta movilización nace con el pedido de cierre del Congreso. Pero ahora operadores políticos del expresidente están metiendo en agenda que la salida de Castillo es producto de la elite empresarial blanca limeña”, alertó Rivera.

El analista señaló que incluso organizaciones sociales colocaron la salida de Castillo, destituido por el Congreso tras intentar un fallido autogolpe, “bajo la lógica de un enfrentamiento racial y de clases”.

En ese marco, el líder y fundador del movimiento ultranacionalista “Etnocacerista”, Antauro Humala, hermano del expresidente Ollanta Humala, convocó a una “Marcha sobre Lima” que se realizaría esta misma semana. Humala, quien pasó 17 años en prisión por encabezar una sublevación armada durante el gobierno de Alejandro Toledo, tildó a Boluarte como una “presidenta de facto”.

“La marcha la estaba planificando contra el Congreso, pero para marzo del 2023. Ahora la adelantó. Si esta marcha deriva en disturbios va a generar una espiral de violencia impredecible” en el país, dijo Rivera.

Por lo pronto, Boluarte declaró el estado de emergencia en las zonas donde se registran las protestas. Pero la violencia podría agravarse con un paro indefinido convocado a partir de este martes por gremios y organizaciones campesinas e indígenas, donde el expresidente Castillo construyó su apoyo popular. Incluso, la tensión creció después que el nuevo gobierno cesó este lunes a los 26 prefectos regionales (una especie de representantes del ejecutivo en cada una de las jurisdicciones del país), bajo el argumento de que “azuzan las protestas”.

Dina Boluarte no logra construir legitimidad

En ese escenario de violencia y crisis política, Boluarte busca en forma desesperada construir legitimidad. Tiene mandato hasta 2026, pero camina sobre brasa caliente. Su llamado a anticipar las elecciones para abril de 2024 no logró apaciguar los ánimos. Está sola.

Su proyecto para realizar comicios anticipados ya llegó al Congreso, pero su supervivencia pende de un hilo. No es una política tradicional y su gabinete está conformado en su totalidad por tecnócratas. Ninguno de sus ministros actúa como operador político ante las fuerzas de oposición.

“Boluarte debía haber convocado a elecciones anticipadas cuando asumió el poder. Se lo estaban gritando en la cara. Ahora no tiene capacidad de operar políticamente”, resumió Rivera.

Por qué es tan difícil convocar a elecciones anticipadas en el Perú

Las negociaciones están en marcha. Pero nadie está dispuesto a resignar poder. “En el Congreso hay resistencia de algunas bancadas a irse. Si el Parlamento acepta el adelanto de las elecciones, no queda claro si la gente lo va a aceptar. Porque quedan 16 meses por delante”, confió el analista.

Por lo pronto, el Jurado Nacional de Elecciones, un ente autónomo encargado de organizar los procesos electorales, dijo que necesita al menos 9 meses para realizar los comicios. “Ese puede ser un punto de negociación intermedio”, señaló Rivera.

Para la analista política Giovanna Peñaflor, directora gerente de la encuestadora Imasen, la eventual decisión de los parlamentarios de seguir en sus bancas agravará la tensión en el país.

“Cuánto más se demoren (en convocar a elecciones) menos tiempo le dará la gente”, dijo en diálogo con TN. “La respuesta del Congreso y de los líderes políticos debe ser rápida y clara”, apuntó.

 

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