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EL TIEMPO EN TUCUMAN

JUSTICIA

12 de noviembre de 2022

La justicia de los hombres puede tener errores en cambio la justicia divina es perfecta

Si hay algo que el ser humano no ha podido comprender nunca del todo es el mundo divino, es decir, de los dioses o del dios en el que se crea. Tu justicia.

A lo largo de la historia de la Humanidad, se han aplicado sobre ese espacio celestial un sinfín de propiedades, hechos y mitos que han servido para explicar todo aquello que, como seres humanos, finitos, nos resultaba imposible de entender. Uno de los conceptos más interesantes en este sentido es el de la justicia divina.

Una primera aproximación al concepto

Cuando tenemos que definir qué es la justicia divina, debemos empezar señalando que la idea o la noción de justicia es un concepto puramente humano, que se desarrolla en la convivencia social y que mucho tiene que ver con la posibilidad de evitar actos de desigualdad, de injusticia.

Los teóricos han desarrollado dos modos principales de entender la justicia: por un lado tenemos la justicia divina, aquella relacionada con el mundo de los dioses, entregada por ellos a los seres humanos, y por otro lado la justicia humana, aquella que fue construida por el ser humano a través de leyes escritas e imponibles a cualquier ciudadano de una comunidad.

La justicia que nos han entregado los dioses

Si bien el concepto de justicia humana, de ley humana, existe desde la Antigüedad cuando se han escrito los primeros documentos legales, es importante señalar que la justicia divina ha sido muchas veces la que más fuerza ha tenido, incluso más que cualquier ley humana que pudiera desarrollarse. Aquí yace la noción de que la justicia divina porta un grado de perfección superior al de la justicia humana que, al ser creada por los mismos humanos, puede pecar de errores e incongruencias en muchos casos.

La justicia divina o la justicia que nos entregan y nos enseñan los dioses es inconmensurable. Esto quiere decir que no es medible en términos humanos, cae en manos de las personas que tienen fe en determinada entidad divina. Al mismo tiempo, no se puede entender linealmente ya que no existe una forma concreta de hacerse presente, es simplemente un concepto abstracto de lo que entendemos por justicia como seres que conviven en sociedad.

El deseo de la justicia que contenga nuestros errores humanos

La principal fortaleza de la justicia divina tiene que ver con la sensación, para aquellos que en ella creen, de que la misma cubre todos los huecos que nos deja la justicia humana. Así, ante un delito puede flaquear la justicia humana mientras la justicia de los dioses se cumple sin dudarlo, tal vez en esta vida o tal vez en otra vida, cuando el alma entra al purgatorio a cumplir todos sus castigos y a subsanar todos los errores.

El mal no tiene oración en cambio la justicia divina si y caerá en tus manos

La profundidad de tu relación con Dios determinará cuán personales son para Él las injusticias que sufres y con cuánta seriedad Dios las satisfará. Lucas 18:7-8 dice: “¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a Él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. No obstante, cuando el Hijo del Hombre venga, ¿hallará fe en la tierra?”.

La justicia que buscas en tu vida dependerá de tu relación personal con Dios. Pero, al igual que la pregunta que hizo Jesús al final del versículo 8, ¿encuentra Jesús fe en ti? ¿Cómo es tu relación con Dios? Si no tienes una relación con Dios, Él te tratará como un opresor, como los enemigos de David. ¿Por qué? Porque todos nosotros hemos pecado contra otros. Todos hemos oprimido y herido a alguien más por lo menos una vez en nuestra vida. Si no has confesado tus pecados a Dios a través del sacrificio que Jesús hizo por ti en la cruz, permanecerás con la multitud de los opresores contra quien Dios dirá: “¡Pagarás!”. Sin Jesucristo, será la ira para siempre. Con Jesucristo, será la misericordia para siempre. 

Entonces, “¿dónde está tu justicia?”. Tu justicia está en tu relación personal con Dios. Si tienes a Dios, Él mirará a tus enemigos y dirá: “¡Pagarás por las heridas que causaste a mi amado hijo!”. “¡Pagarás por las lágrimas que causaste a mi amada hija!”, y en Su tiempo perfecto, actuará con la justicia perfecta. Porque, como dice el Salmo 11:7, “Pues el Señor es justo; Él ama la justicia; los rectos contemplarán su rostro”. Amén.

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