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14 de septiembre de 2022

Brillaba como actriz, pero se envenenó, enfermó y tuvo una muerte prematura: el trágico final de Alicia Bruzzo

Recordada con un inmenso cariño por colegas y amigos, la actriz Alicia Bruzzo abandonó el plano terrenal a muy temprana edad, no sin antes dejar una huella inalterable en el mundo del cine, el teatro y la televisión local.

Bruzzo nació de forma impensada en un ascensor de la Maternidad Ramón Sardá del barrio porteño de Parque Patricios, el 29 de septiembre de 1945. En su querido barrio se crió y pasó los primeros días de su infancia: inició sus estudios y egresó del Instituto Bernasconi y del Conservatorio de Arte Dramático.

No solo la actuación la seducía, sino que a lo largo de su vida pasó por diferentes etapas que nada tenían que ver con el ambiente artístico, pero que forjaron su carácter y personalidad. En ese sentido, cursó hasta el último año de abogacía, aunque no se graduó y, en un momento de su adolescencia, emprendió viaje a Italia donde se dedicó al cuidado de chicos.

 Una vida dedicada al arte

Luego de experimentar diferentes facetas en su vida, el mundo artístico volvió a golpear fuerte a su puerta, y decidió irse a estudiar pintura a París. A su regreso trabajó animando fiestas infantiles junto a Pipo Pescador y luego, en la década del ’70, comenzó su imparable carrera en el cine, el teatro y la televisión, con una dedicación e ímpetu asombrosos que la llevaron a ponerse en la piel de grandes personajes que aún hoy están grabados en la memoria de toda una generación.

Su carácter único la llevó a interpretar papeles memorables y muy queridos en la pantalla chica. Su aparición junto a galanes como Carlos Estrada en El joven Albéniz y Rodolfo Bebán en la versión para TV de Cumbres borrascosas le fueron delineando el camino para su primer gran éxito: El Rafa.

Luego llegaron Atreverse, Alta comedia, Verano del 98 y El Deseo. En teatro se destacó en Monólogos de la Vagina, Las Brujas de Salem - donde compartió cartel con Alfredo Alcón - Alta en el Cielo, y Yo amo a Shirley, obra por la cual ganó el Konex y el María Guerrero en 1991.

En cine, Bruzzo participó en casi veinte películas, y supo ganar reconocimientos por sus papeles en Una sombra ya pronto serás, El Che, Pasajeros de una pesadilla, Espérame mucho, La Mitad negada, De mi barrio con amor, entre otras. Pero su rol más resonante fue el de Pasajeros de una Pesadilla, la película basada en el “caso Schoklender”.

Luego de 14 años de la exitosa Monólogos de la vagina, la actriz se dio el gran gusto de reinterpretar esa obra en Mar del Plata, acompañada por su hija Manuela. Entre otros premios, ganó el Martín Fierro en 1990, 1992 y los premios Estrella de Mar 2003 y 2005.

Fruto de su inmersión en el mundo de la pintura, más tarde Alicia expuso una serie de obras plásticas que luego presentó en el Centro Cultural Recoleta: “El arte digital es una forma de canalizar más lo que yo siento, lo que soy y lo que tengo para decir. Son diferentes lenguajes en donde está la posibilidad de expresar sentimientos, angustia y goce”, decía en declaraciones públicas sobre su pasión más desconocida.

Su lucha tenaz contra la enfermedad

Como el arte la acompañó durante casi toda su vida, la enfermedad la sorprendió a muy temprana edad, y su lucha por aferrarse a la vida fue implacable: Alicia fue una de las cientos de personas afectadas por la contaminación de caramelos de propóleo en 1992 y, aunque fue una de las sobrevivientes, su salud se vio duramente deteriorada y a partir de ese momento nada fue igual.

Devenido de la tragedia en la que murieron 25 personas, la actriz tuvo como consecuencia un notable aumento de peso y una posterior cirugía gástrica en el 2000: “En 1995 dejaron de llamarme de la televisión. Venía de la intoxicación con propóleo en el ’92 de la que me recuperé con el saldo de una polineuritis, una enfermedad de la mielina que hace que los músculos no reciban buenos estímulos nerviosos”, explicaba en ese entonces la artista.

“Empecé a sentirme tan mal que quise dejar de fumar y de tomar pastillas para dormir, que me habían acompañado toda la vida. Ahí engordé como una cerda”, completó en su dura declaración durante una entrevista televisiva.

Debido a sus cerca de 140 kilos, los médicos le sugirieron que se colocara una banda gástrica, que tuvo como resultado la pérdida de unos 45 kilos. Pero no todo fue como lo esperaba, porque debieron extraerle la banda, que complicaba una hernia de hiato y una gastroenteritis que Alicia ya padecía.  Sumado a ello, padeció una bronquitis espasmódica aguda que debió superar antes de remover el dispositivo.

Los problemas de salud no cesaban, y la actriz tuvo otro de los mayores golpes de su vida: la detección de un cáncer de mama y su consecuente tratamiento con quimio y radioterapia, que la dejaron aún más débil.

Lo que llegó después la tomó casi sin fuerzas: un fatal cáncer de pulmón. Fue en ese entonces que Alicia decidió sumergirse en el sitio donde más amaba la vida: el mar. Tomó sus cuadros y, acompañada de su hija y de la señora que la cuidaba, se instaló en su casa de Mar Del Sur, en la costa atlántica bonaerense, donde pasaba todos sus veranos.

La actriz expuso una serie de obras plásticas en el Centro Cultural Recoleta.

En un mail que le envió a sus seres queridos en diciembre de 2006, la actriz fue completamente transparente: “Me voy como siempre, buscando mi mar”, y les pedía que no le escribieran hasta abril, cuando pensaba estar de vuelta en Buenos Aires.

Ya en 2007 los planes se trastocaron, porque Bruzzo debió emprender antes el regreso: “Venime a buscar porque no puedo seguir en pie”, le dijo a su marido, el director Raúl Serrano.  Nuevamente en la ciudad se internó en el Instituto Fleni, donde murió el 13 de febrero por un paro cardíaco a los 62 años. /Crónica

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