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12 de septiembre de 2022

Sequía, cambio climático y falta de políticas: ¿por qué cada vez hay más incendios en la Argentina?

El país está en el Top 10 de los que más árboles perdieron a causa del fuego en los últimos 20 años.

“Ya no hay temporada de incendios en la Argentina, porque todo el año es temporada de incendios”. Con estas palabras, el viceministro de Ambiente, Sergio Federovisky, presentó el Plan de manejo del Fuego hace dos meses. Al mismo tiempo, planteó la emergencia climática en la que se encuentra el país, que hoy tiene 10 focos activos en 5 provincias y solo en lo que va de este año, perdió 1.250.631 hectáreas por incendios.

¿El fuego es cada vez más frecuente en nuestro país?

Según la organización Global Forest Watch, los incendios forestales queman el doble que hace 20 años. La Argentina, a su vez, está el top 10 de los países que más árboles perdieron por el fuego. Así, incendios como los del Delta del Paraná o Córdoba se convierten en desastres naturales cada vez más poderosos y habituales.

¿A qué se debe?

A grandes rasgos, a tres factores: cambio climático, intencionalidad y falta de políticas de prevención.

“Existe un nuevo tipo de incendios forestales, acentuados por el calentamiento global: se llaman incendios de sexta generación. El cambio climático genera sequías más acentuadas y prolongadas, además de jornadas de calor más intenso. En ciertas áreas geográficas del planeta (por ejemplo Córdoba) esto influye en los fenómenos del fuego. Se observan focos cada vez más agresivos, de incendios explosivos que escapan del control”, explicó a TN la Ingeniera Agrónoma Claudia Luna, investigadora del Conicet y especialista en manejo de recursos forestales.

Desde hace tres años, por el fenómeno climatológico de La Niña, el 60% de la Argentina está sumida en una sequía sin precedentes. Que se suma a las cada vez más frecuentes olas de calor, producto del cambio climático.

De acuerdo a los datos del Sistema Meteorológico Nacional, la sequía se mantendrá, al menos, hasta el otoño del año próximo y las temperaturas para los próximos tres meses serán por encima de lo normal en dos tercios del país. Ambos factores son catalizadores de los incendios. Y al mismo tiempo, la degradación ambiental que generan los incendios vuelven al ambiente menos resiliente. Es un círculo vicioso.

Para Federico Barri, biólogo e investigador del Conicet, los incendios que quemaron parte de Córdoba durante toda la semana tienen una explicación multicausal, pero estuvieron fuertemente catalizados por el componente humano.

“Desde hace décadas que Córdoba tiene una mala política pública ambiental, en donde no se detuvo el desmonte, no se cuidaron las políticas de pastoreo, hay poca conservación de la vegetación nativa que es lo que podría evitar este tipo de problemas.”, enumeró el experto. “Nuestras cuencas de agua están muy degradadas”.

La otra parte del problema -señaló Barri- es el crecimiento urbano. Cada vez se construyen más casas sobre las sierras y eso provoca más incendios ya sea de forma intencional, para limpiar el terreno, o accidental.

¿Las consecuencias de este combo?

“Estamos perdiendo vegetación nativa que ayudaría a regular los climas. Si tenemos sequía y temporadas de calor cada vez más intensas, hay menos posibilidad de retener dióxido de carbono y empeoramos el calentamiento global”, cerró Barri.

A esto se suma el daño directo a los animales y a su espacio. Eventualmente, la biodiversidad se va perdiendo lo que hace que la regeneración de ecosistemas sea más lenta.

También hay un impacto económico directo de pérdidas materiales y de productividad agro ganadera. “Los efectos del incendio en el suelo se dan a nivel físico, químico y biológico, lo que se traduce en una importante disminución en su productividad, pérdida de nutrientes, disminución de la materia orgánica, entre otros”, explicó Luna.

¿La sequía e incendios son las únicas consecuencias del cambio climático?

Para Juan Rivera, Investigador del CONICET, doctor en Ciencias de la Atmósfera, son solo una cara.

“La variabilidad climática va a propiciar también la ocurrencia de eventos extremos de precipitación, que se espera que se incrementen en frecuencia e intensidad a futuro. Con lo cual, tanto episodios de sequías como inundaciones van a ser escenarios posibles en la región. Es necesario prepararnos para gestionar esa variabilidad, donde habrá años con excesos de lluvias y años con déficits marcados”, explicó.

Sin embargo, aunque el panorama es complejo, la Argentina tiene (y debe) poner en práctica de prevención de incendios, políticas de reforestación y restauración del ambiente y mitigación de sus efectos. /TN

 

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