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25 de junio de 2022

Hace 44 años, Argentina salió campeón en el Mundial 1978

La Selección Argentina comandada por César Luis Menotti, provocó una revolución en el Monumental y se consagró por primera vez en la historia de los mundiales.

La consagración de la Selección Argentina en el Mundial de 1978, ante la algarabía de los hinchas que colmaron el Estadio Monumental, representó el inicio de una era dorada para el combinado nacional, que también se extendería hasta los años 90. Entre los miles de fanáticos que saltaron al campo de juego para festejar con sus ídolos, Víctor Dell’Aquila se convirtió en el más popular de la historia en el marco de las celebraciones y fue el protagonista del icónico “Abrazo del alma”.

Abrazo del alma: los entretelones de la foto

La postal que quedó grabada en las retinas de los argentinos cuenta con una simpleza estética que contrasta con el tinte emocional que le fue otorgado: el chico, que tenía apenas 22 años, no dudó en sacar las entradas de cara a la instancia decisiva de la Copa del Mundo, en la que el seleccionado dirigido por César Luis Menotti enfrentaría a los siempre complicados Países Bajos

Pese al tanto de Mario Alberto Kempes que abrió el tanteador aquel 25 de junio de 1978, la Albiceleste aguantó hasta el final, pero no pudo evitar la igualdad de Dick Nanninga en el epílogo del cotejo. Los corazones de los presentes se paralizaron: se debían jugar 30 minutos más en el marco de un alargue para definir a la mejor selección del planeta. De local, ante el ensordecedor aliento, Argentina no falló.

El pleito era parejo y disputado hasta que el delantero cordobés, ídolo del Valencia y único futbolista del equipo que recalaba en el exterior al momento de disputar el certamen continental, marcó diferencias a los 105′ arremetiendo dentro del área. Ya sobre el final del tiempo complementario, Daniel Bertoni le puso la frutilla del postre al triunfo celeste y blanco tras otra jugada maradoniana de Kempes, que se erigió como el MVP del torneo.

Abrazo del alma: la irrupción de Dell’Aquila Todo el país aguardaba por el pitazo final. Un joven Dell’Aquila fue vencido por su propia ansiedad y, pocos minutos antes de que el árbitro italiano Sergio Gonella diera por concretado el encuentro, decidió irrumpir en el verde césped; cuando notó que el duelo aún no había finalizado, se quedó parado al lado del arquero Ubaldo Fillol esperando para celebrar. “En esa época era un pendejo, pesada 50 kilos y tenía un buen estado físico. Estaba en la platea que da sobre Figueroa Alcorta. Cuando vi que el referí levantó la mano, pasé los pies por el alambre y caí paradito. En realidad, él había añadido un par de minutos, pero cuando terminó, salí corriendo buscando a alguien a quien abrazar”, graficó el hincha a flor de piel.

Víctor, que no contaba con el apoyo de sus extremidades superiores desde los 12 años, cuando se subió a una torre de alta tensión y sus brazos fueron carbonizados por la electricidad -sus piernas también quedaron severamente dañadas-, encontró a las dos presas ideales para fundirse en un cálido saludo.

“Vi que (Alberto) Tarantini se arrodilló como rezando, Fillol hizo lo mismo y se abrazaron. Ahí me mandé: llegué corriendo, me frené delante de ellos y las mangas de mi buzo, curiosamente, se fueron para adelante”, rememoró aquel recuerdo el fanático.

Finalmente, el fotógrafo Ricardo Alfieri, una eminencia dentro de la revista El Gráfico, una de las tiradas más trascendentes de la historia a nivel deportivo, capturó a la perfección una imagen que habla por sí sola. Ernesto Cherquis Bialo, que supo desempeñarse como director de la publicación y también oficiaba de redactor, le puso el broche de oro a una escena perfecta con el título icónico “El abrazo del alma”

Dieciséis años antes de la foto, Dell’Aquila también formó parte de otro festejo que quedó plasmado en una revista. A pesar de su fanatismo por Boca, supo entablar un buen vínculo con varios referentes de River, que utilizaban las instalaciones del Servicio Nacional de Rehabilitación. En aquel edificio, el joven realizaba sus largas sesiones de recuperación.

Por la amistad que los unía, Víctor asistió en más de una ocasión a la cancha del Millonario y, en el marco de un tanto convertido por Jota Jota López en un duelo frente a Racing en 1970, el protagonista de la imagen se prendió en el grito. El lente de la cámara, por supuesto, también posó sobre él. La gesta de la Selección, con la participación de Dell’Aquila incluida, llegaría mucho después.

 

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