Kofi Annan, el séptimo secretario general de las Naciones Unidas, ha fallecido este sábado en Berna (Suiza)

El ghanés falleció a los 80 años en Suiza. Fue el primer africano en obtener ese puesto en las Naciones Unidas y fue galardonado por sus "esfuerzos en favor de un mundo mejor organizado y más pacífico".

 

El ex secretario general de la ONU y premio Nobel de la Paz Kofi Annan falleció el sábado a la edad de 80 años, luego de ser una estrella de la diplomacia mundial durante sus diez años al frente de Naciones Unidas.

"Con inmensa tristeza la familia Annan y la Fundación Kofi Annan anuncian que Kofi Annan, ex secretario general de Naciones Unidas y premio Nobel de la paz, falleció de forma apacible el sábado 18 de agosto, tras una corta enfermedad", anunció la fundación en un comunicado en Ginebra.

Annan, de nacionalidad ghanesa, y que vivía en Suiza, fue el séptimo secretario general de la ONU, ocupando la función del 1 de enero de 1997 al 31 de diciembre de 2006.

"Su esposa Nane y sus hijos Ama, Kojo y Nina estuvieron junto a él en sus últimos días", agrega el comunicado de su Fundación.

Según la agencia helvética de noticias ATS, Annan murió en un hospital de la parte alemana de Suiza.

Poco después de anunciarse el fallecimiento de Annan, el secretario general de la ONU Antonio Guterres expresó su tristeza por la muerte de su predecesor al frente de Naciones Unidas, calificándolo de "fuerza que guiaba hacia el bien".  Annan fue el primer secretario general de la ONU originario de África subsahariana. El ghanés dirigió la ONU durante el difícil período de la guerra en Irak, pero su balance quedó ensombrecido por acusaciones de corrupción en el caso de "petróleo contra alimentos".

Pero al dejar el cargo, Annan fue uno de los dirigentes más populares de la ONU. Junto con la organización, Annan recibió en 2001 el Premio Nobel de la paz por sus "esfuerzos en favor de un mundo mejor organizado y más pacífico".

"He intentado situar al ser humano en el centro de todo lo que emprendemos: de la prevención de los conflictos al desarrollo, pasando por los derechos humanos", dijo al aceptar el premio en Oslo.

Durante su mandato logró elevar en altura un cargo puramente administrativo gracias a su personalidad, carisma, determinación y temperamento. El legado que deja es enorme en el ámbito del desarrollo. Pero sus 10 años al frente de la organización multilateral también estuvieron dominados por momentos oscuros.

Annan reconoció en su despedida que no poder evitar la guerra en Irak fue su mayor fracaso. El choque interno entre las potencias que dominan en el órgano que vela por la paz provocó una verdadera parálisis institucional y rompió con la unidad global que forjó el atentado del 11 de septiembre de 2001 contra la Torres Gemelas y el Pentágono. “Fue el momento más oscuro”, dijo. Sus memorias, Intervenciones: Una vida en la guerra y en la paz, reflejan esa gran frustración.

La recta final de su mandato fue también la más difícil en lo personal. La gran sombra que persiguió su gestión al frente de la ONU fue el fraude en el Programa Petróleo por Alimentos para Irak, un mecanismo diseñado para ayudar al pueblo iraquí durante los años del embargo y que él mismo negoció con el régimen de Bagdad. El escándalo salpicó a su hijo. Las denuncias de abusos sexuales por parte de los cascos azules también nublaron la recta final.

Zeid Raad Al Huseein, alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, le define “como la personificación de la decencia humana”. “Fue un líder para millones”, añade, al tiempo que resalta que su pérdida se hace aún más profunda en un mundo que está repleto de dirigentes que carecen, precisamente, de ese carisma y elegancia. “Contribuyó a hacer del mundo que ha dejado un lugar mejor que aquel en el que nació” valora la primera ministra britanica Theresa May.

 

 

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