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20 de septiembre de 2021

¿Hay un estrés bueno y un estrés malo?

El estrés es una respuesta natural ante ciertas situaciones que afecta a la mayoría de las personas

El estrés es una sensación que puede aparecer por diversos motivos y que impacta en la salud de quien la siente, pero ¿siempre es malo?

Imagínense que están una sesión de masajes. Ya están recostados en la camilla. El aire huele delicioso. Están sumidos en una comodidad nunca antes vivida. Comienzan los masajes y están tan exquisitos que desean que nunca se acaben. Y entonces algo sucede y su deseo se cumple. Luego de 1 hora de masajes, éstos continúan. Ya parece raro que luego de 2 horas todavía sigan recibiendo los masajes. El tiempo sigue corriendo y se encuentran con que los masajes no son tan placenteros pasadas las 4 horas. A las 6 horas la piel ya comienza a irritarse y los masajes comienzan a doler. Luego de 1 día entero de masajes continuos estos ya se asemejan más a una tortura. Al cabo de una semana se vuelven insoportables. Dejo a vuestra imaginación qué pasaría si los masajes continuaran 1 mes o 1 año.

Les pregunto, ¿son los masajes malos? ¿O es que están mal distribuidos? ¿Incorrectamente "usados"?

Esto mismo sucede con el estrés; usado en exceso se vuelve perjudicial para nuestra salud física y mental. El problema es que no existe un botón de apagado y encendido. En esta columna les voy a contar un poco sobre cómo trabaja nuestro cerebro en relación al estrés y qué podemos hacer desde el mindfulness para que este (el estrés) no quede encendido las 24hs.

El estrés nos afecta a todos

Si les dijera que el estrés es una respuesta natural de nuestro cerebro frente a situaciones que nos parecen amenazantes y que las sensaciones impactan en nuestro cuerpo, no parecería ser algo tan malo, porque de lo contrario cabría la pregunta: para qué lo tengo? Y es acá donde está la respuesta.

Evolutivamente hablando tenemos el mismo cerebro y casi el mismo cuerpo que hace 100.000 (cien mil) años aproximadamente atrás y por aquel entonces la cantidad de estímulos que recibían los seres humanos eran mínimos en comparación con los que recibimos hoy. En cambio ahora, muchas cosas parecerían desencadenar una respuesta de estrés. Veamos algunos ejemplos: exámenes, trabajo, familia, un proyecto personal, amigos, fútbol, política, el dinero, etc. Si hablamos de un estrés crónico todos ellos tienen un patrón en común, y es que el desencadenante no es la situación en sí, sino lo que nosotros opinamos sobre ella. Es decir, cómo interpretamos eso que sucede.

Creo que estamos de acuerdo en que la vida con todo su potencial nos va a ocurrir, sean cosas que nos agraden o no. Nadie nos pregunta, simplemente sucede. Pero cuando eso pasa, la mente comienza a opinar y a separar las cosas en buenas, en malas y en neutras.

Cuando algo nos parece malo, comienza la pelea entre lo sucedido y nuestras expectativas.

Un claro ejemplo que podemos ver hoy en día es una discusión con un jefe: Al concluir, el empleado se queda pensando que esa discusión podría traerle problemas y tal vez ser despedido. Una vez que la semilla de la duda se planta, es como un yuyo: comienza a crecer velozmente repitiéndose una y otra vez en sus pensamientos hasta que se transforma en su realidad. Aparece entonces el miedo a ser despedido y el estrés se enciende.

Hagamos de cuenta que el estrés es como un amigo que nos cuida todo el tiempo: cuando nos enfermamos, cuando vamos a rendir un examen, ante un peligro real de la vida y hasta nos ayuda a fortalecer el carácter. Diríamos que este amigo es bueno verdad?

Justamente la función del estrés es la de adaptar a nuestro organismo ante diferentes situaciones, esto no lo convierte en bueno sino que cumple con la función para la cual evolucionó. Uno no va por la vida diciendo "mi mano es buena porque puede agarrar el vaso o mi mano es mala porque se lastimó y no la puedo usar".

Cada parte del cuerpo cumple con su función y las partes del cerebro que manejan el estrés (hipotálamo y amígdala entre otras) no escapan a esta regla y como tal, existen para algo. Básicamente su función es lo que llamamos lucha o huída. El estrés nos protege, nos salva la vida de peligros inminentes, por ejemplo algún animal peligroso.

¿Cúál es tu animal peligroso?

Viviendo en la ciudad, que un animal peligroso aparezca para hacernos daño es difícil que suceda pero la verdad es que al activarse el sistema simpático que desencadena el estrés, nuestro cuerpo no diferencia entre un animal peligroso, nuestro jefe o un amigo y este actúa en consecuencia. Lo que sí puedo decir es que nuestros patrones de comportamiento nos hacen actuar de determinada manera frente a estímulos que consideramos similares. Y estos patrones pueden romperse!! Esa es la buena noticia.

¿Es real lo que me genera estrés?

Claro que sí, pero somos nosotros mismos quienes damos vueltas en pensamientos (rumiaciones) a la cuestión y es de esa manera que mantenemos vivo al estrés. Este es nuestro fuerte para poder escapar de la cronicida: darnos cuenta de que lo estamos haciendo, que estamos pensando en eso que nos estresa.

¿Qué pasa que mantenemos vivo al estrés?

El estrés crónico genera un agotamiento físico y mental pudiendo traer múltiples afecciones a cualquier nivel del cuerpo. A veces sucede que mantenemos vivo al estrés por luchar contra algo y a la vez ese estrés nos debilita para esa lucha. Algo muy común que está sucediendo con la pandemia es que la gente se estresa por todo lo sucedido y no quiere enfermarse. Pero el estrés crónico generado desde hace meses disminuye las defensas, volviéndose el caso paradójico ya que aumentan las chances de enfermarse frente a la exposición del virus.

A tomar nota: una cosa es lo que sucede y otra muy diferente es lo que opinamos al respecto.

Es importante saber cómo manejar el estrés

¿Cómo manejamos el estrés desde el mindfulness?

El estrés es parte de nuestra vida, por lo tanto no podemos vivir sin él. Lo que sí podemos hacer es no mantenerlo "encendido" las 24hs.

La consciencia plena o mindfulness es un entrenamiento de nuestro cerebro para que elijamos (con consciencia) a qué le queremos prestar atención de una manera amable.

Te invitamos a realizar una práctica de mindfulness de 3 minutos como recurso para parar (calmar la mente) y volver al presente

Vayamos con un ejemplo, si a nuestra izquierda hay 2 personas discutiendo a los gritos e insultos, muy enojados y a mi derecha hay dos enamorados mirándose a los ojos con pasión y amabilidad y nosotros elegimos quedarnos mirando a las dos personas que discuten todo el día, en nosotros va a habitar una sensación de pelea y resignación por un ambiente hostil y tal vez tristeza, angustia o enojo ya que nuestro mundo va a ser un mundo de discusiones porque procesamos solo peleas. Si en cambio nos quedamos mirando todo el día a las dos personas que se aman y con todo lo que el amor tiene, lo más probable es que tengamos sensaciones de bienestar, con una sonrisa en nuestra cara y si alguien nos viene a hablar estemos bien predispuestos. Hacia dónde elegirías mirar? Crees que a los enamorados? La verdad es que mirarás a donde el automatismo mental te lleve, a la curiosidad, a satisfacer ciertos deseos mentales inconscientes. Básicamente no vamos a elegir nosotros sino que nuestro cerebro se va a hacer cargo de la elección, esos son nuestros patrones de comportamiento. Lo mismo sucede en nuestra mente, queda anclada a las peleas y discusiones del pasado y posibilidades futuras que me hagan pasar un mal rato.

Al practicar mindfulness le enseñamos al cerebro a ver cómo se va en pensamientos que mantienen encendida mi alarma del estrés y elegir prestar atención a otra cosa. Sería como si alguien nos dijera mientras miramos la pelea de las dos personas, "mirá, allá hay otras dos personas amándose".

Este entrenamiento nos da la posibilidad de salir de los pensamientos rumiantes que nos hacen mal y elegir pensar en otra cosa, o simplemente dedicarnos a hacer lo que estamos haciendo en ese momento, trabajando, leyendo, tomando un café, caminando, etc.

¡La práctica continua de mindfulness nos libera del sufrimiento!

 

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