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20 de febrero de 2021

“Hombres, los odio”, el libro de una feminista francesa que toca una fibra sensible

Desde su lanzamiento, en agosto de 2020, ya vendió más de 20 mil copias en su país y se empezó a editar en diferentes idiomas. Cuál es el planteo.

De no haber sido por un hombre, el debut literario de Pauline Harmange, I Hate Men (Hombres, los odio, es el título que se le dio en español), pudo haber pasado desapercibido. El ensayo feminista, en el que la autora aboga por rechazar a los hombres como mecanismo legítimo de defensa contra la misoginia generalizada, se publicó inicialmente en francés en la editorial sin fines de lucro Monstrograph. Solo se imprimieron 400 ejemplares. Sin embargo, el día de su lanzamiento en agosto pasado, un trabajador del ministerio para la equidad de género de Francia, Ralph Zurmély, le envió un correo electrónico a Monstrograph desde su cuenta gubernamental.

En el correo escribió que el libro era evidentemente “una apología de la misandria”. Zurmély, que no lo había leído, lo comparó con “la incitación al odio basada en el sexo” y concluyó: “Le solicito que retire de manera inmediata este libro de su catálogo, susceptible de una acusación penal”. La amenaza resultó contraproducente. Tan pronto como se hizo pública, Hombres, los odio se convirtió en una causa célebre en los medios de comunicación franceses y llamó la atención sobre la misandria, el desagrado hacia los hombres o la desconfianza en ellos, como un fenómeno social. Puesto que Monstrograph no pudo satisfacer la demanda, una importante editorial francesa, Seuil, ganó una licitación para reimprimir el libro, que vendió 20.000 copias desde entonces. También se vendieron los derechos de traducción para diecisiete idiomas.

En los Estados Unidos, HarperCollins lanzará I Hate Men, traducido por Natasha Lehrer, el 19 de enero. Mientras tanto, el ministerio francés para la equidad de género se esforzó por distanciarse de la amenaza de Zurmély. Una vocera de la ministra actual, Élisabeth Moreno, señaló que “condenaba firmemente este acto aislado” y añadió que estaban reubicando a Zurmély a un puesto diferente “a petición suya”. Para Harmange, que tiene 26 años, toda la experiencia se sintió como un latigazo cervical. “Es el lanzamiento de mi carrera, lo cual me parecía un sueño casi inaccesible”, afirmó durante una entrevista en video en diciembre desde su casa en Lille, al norte de Francia. No obstante, con la atención llegó el acoso en las redes sociales e insultos diarios que ahora llegan en varios idiomas. “Hay momentos en los que me digo a mí misma que no me metí en esto para ser vilipendiada”, señaló.

Alice Coffin, concejala y parte de la nueva ola de activistas feministas francesas, en París, el 31 de agosto de 2020. (Foto: Andrea Mantovani/The New York Times)

Hombres, los odio comenzó en 2019 como una entrada de blog sobre el agotamiento feminista. Harmange se había graduado un año antes con una licenciatura en Comunicación y trabajaba como redactora independiente. Sus ensayos personales, sobre temas que van desde el autocuidado hasta el ambientalismo, tuvieron un seguimiento reducido pero constante, lo que la ayudó a sobrevivir a través de Tipeee, una alternativa francesa del servicio de financiación colectiva Patreon. Los editores de Monstrograph, Martin Page y Coline Pierré, vieron la publicación y le pidieron que la convirtiera en un libro. Para Harmange, que es voluntaria en una asociación de apoyo a las víctimas de violación, la misandria había llegado a ser el concepto que ex “Si eras feminista te lo decían a manera de insulto”, dijo. “Digas lo que digas, en cuanto criticás a los hombres, te acusan de ser una persona misándrica. Fue entonces cuando me di cuenta de que, en realidad así es”. El breve y fluido Hombres, los odio es parte de un resurgimiento reciente del sentimiento antimasculino en la literatura feminista francesa. Al igual que Harmange, Alice Coffin, una concejala electa para la ciudad de París, abordó el tema de la misandria en Lesbian Genius (genio lésbico), publicado por Grasset a fines de septiembre. Si bien el libro es principalmente un recuento de su experiencia como periodista y activista lésbica, acompañado de una serie de entrevistas con periodistas estadounidenses del movimiento LGBT, hay una sección dedicada a la “guerra de los hombres” contra las mujeres. Coffin sostiene que el arte hecho por hombres es “una extensión del sistema de dominación” y escribió que ella lo evita.

La franqueza del trabajo de Coffin y Harmange tocó una fibra sensible en Francia. El país tardó en darle su lugar al movimiento #MeToo, en parte debido a la división generacional entre las feministas de mayor edad que pertenecen al grupo dominante y las activistas más jóvenes y enérgicas, que señalan una falta de progreso. “Las feministas dedicaron mucho tiempo y energía a asegurarles a los hombres que no, en realidad no los odiamos, que son bienvenidos”, dijo Harmange. “No se obtuvo gran cosa a cambio”. La desilusión de las políticas francesas contribuyó al cambio en la generación más joven. Aunque el presidente francés, Emmanuel Macron, declaró en una ocasión que la equidad de género sería “la gran causa de mi mandato”, su gobierno fue criticado por poner en práctica pocas políticas feministas. El año pasado, Macron nombró ministro del Interior a un hombre que había sido acusado de violación, Gérald Darmanin.

En una entrevista en su casa de París, Coffin aseguró que los hombres “tuvieron su oportunidad” para impulsar la equidad. “Podrían haber aceptado las indirectas hace mucho tiempo, pero al parecer no ha generado mucho entusiasmo”. En ese contexto, Harmange y Coffin sostienen que poner la sororidad por encima de apaciguar a los hombres es el siguiente paso lógico. Algunas mujeres siguen creyendo que criticar a los hombres como grupo es más perjudicial que benéfico. En un artículo de opinión para el periódico Le Journal du Dimanche, la filósofa Élisabeth Badinter criticó el “pensamiento binario” del “neofeminismo beligerante”. Otras apoyan a Harmange y a Coffin, pero no se llaman a sí mismas misándricas.

Rokhaya Diallo, una destacada periodista negra y activista por la equidad racial y de género, dijo en una entrevista telefónica que no quería centrar su “activismo en los hombres”. Diallo señaló que también es más difícil para las mujeres negras seguir el ejemplo de Harmange y Coffin. “Cuando sos una feminista no blanca, se analizará el hecho rápidamente como una especie de odio hacia los hombres blancos”, señaló. “Le darán a la misandria un enfoque racial”. Harmange tiene otros tres libros programados para su publicación, incluyendo una novela que escribió antes de Hombres, los odio, titulada Limoges to Die, que se publicará este año o en 2022, y un ensayo sobre su difícil experiencia con el aborto. Lo más importante es que su éxito significa que puede pagar sus deudas. Por primera vez en años, dijo Harmange, no tuvo que preguntarse si tendría que regresar a vivir con sus padres. “Nunca tuve el valor suficiente para ser un modelo a seguir, una mujer ‘inspiradora’”, escribió hace dos años en la entrada del blog que derivó en Hombres, los odio. Para una generación de feministas francesas, puede que ahora sí lo sea.

Por Laura Cappelle, ©2021 The New York Times Company.

 

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