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POLITICA

29 de diciembre de 2020

Una abogada del lado celeste cuestiona la “hipocresía verde” y el “descarte selectivo de personas”

Ana Belén Marmora milita “por las dos vidas” y sostiene que la ley de aborto legal es una hipocresía. “Quieren decidir arbitrariamente quién puede vivir y quién no en Argentina, y yo no quiero eso para mi país”, sostiene

De espaldas al Congreso, mientras sostiene un cartel que va dirigido a los Senadores de la Nación, dice que los celestes son mayoría: “Una mayoría silenciosa”. “No tenemos el acompañamiento del establishment, ni de las grandes organizaciones, ni de los grandes financiamientos que vimos en la campaña que busca hacer que el aborto sea una ley”, apunta.

Su nombre es Ana Belén Marmora (29), nació en la provincia de Corrientes, pero se crió en el barrio porteño de Villa Devoto. Además de hija única, es abogada y periodista. Su militancia “a favor de las dos vidas”, cuenta a Infobae, empezó mientras promediaba la mitad de su carrera universitaria, cuando se acercó a la Asociación Civil “Frente Joven”.

Rápidamente, dice, se involucró con un proyecto social llamado “Defensores de mamás”, que trabaja para combatir la mortalidad materna en distintos barrios del Conurbano y de la Capital Federal. En sus charlas con mujeres de aquellos “sectores vulnerables”, Ana se familiarizó con la temática del aborto.

"Quiero una sociedad con leyes justas para todos y para todas, para los nacidos y para los por nacer. Para todos los seres humanos", dice Ana Belén

“Lo primero que me interpeló fue algo chiquito, pero ahí me cayó la ficha. Nosotros, desde la Asociación, hacemos un censo donde preguntamos por el aborto. Entre las respuestas, hubo una que me llamó la atención. Fue la de una mujer del Barrio Zabaleta. Me contó que cuando llegó a la salita con su embarazo para hacerse los estudios lo primero que se preguntaron fue: ‘¿Lo querés tener?’. Se sintió súper discriminada porque así es cómo muchas veces tratan a las mujeres más humildes en el sistema de salud”, dice Ana.

-¿Por qué te interpeló esa anécdota? ¿Te parece que está mal que le hayan preguntado si quería tener el bebé?

-Me dolió lo que ella dijo que sintió. Para esta mujer no existía la idea de abortar. Incluso, algo que se repite en los testimonios es que cuando llegan a la salita, en vez de contenerlas o felicitarlas por el embarazo les preguntan si quieren continuarlo. “Yo estaba perfecta y el bebé también. Lo único que les molestaba es que yo venía de la villa. Seguramente a una mujer con más recursos no le hubiesen preguntado eso”, me dijo. A mí esas palabras me hicieron un “click”. Pensé: “Con este tema tengo que comprometerme mucho más”. Así fue cómo empecé a estudiar los argumentos de quienes buscan legalizar el aborto.

¿Y qué encontraste detrás de esos argumentos?

-Hipocresía. De mis recorridas por la Villa Zavaleta, el Barrio 31, el Barrio Rodrigo Bueno, Villa La Cava y el Barrio Obligado, entre otros, recogí innumerables testimonios de mujeres que habían sido llevadas a abortar a la fuerza por su pareja, un familiar o un jefe. Las causas son infinitas, pero lo que está claro es que ninguna mujer quiere abortar. Si todos coincidimos en que ninguna mujer debería pasar por un aborto, bueno, entonces el Estado debería trabajar para prevenir y erradicar abortos, no legalizarlo e institucionalizarlo para matar una vida y destruir a otra para siempre.

-Recién decías que “ninguna mujer quiere abortar”. Pero la realidad es que los abortos en Argentina suceden y suceden de forma clandestina.

-Hay muchas cosas que suceden en nuestro país y no están bien. Ahora mismo, en la Argentina, 6 de cada 10 niños no tienen para comer y el Estado no hace nada con eso. No está bien que estemos debatiendo una ley de estas características en un momento en el que el 45 por ciento de la población está por debajo de la línea de pobreza. No está bien que en medio de una pandemia, que ya se cobró más de 40 mil vidas, estemos discutiendo si el aborto tiene que ser legal o no. Es una provocación.

-¿Y qué se hace con las mujeres que mueren en abortos clandestinos?

-Como dije antes, necesitamos un Estado presente en las causas y no en las consecuencias. Un Estado presente para que ninguna mujer tenga que pasar por el flagelo del aborto. Un Estado presente para que estas mujeres más humildes tengan las condiciones dignas para llevar adelante su embarazo. En definitiva, necesitamos un Estado que no fomente esta práctica abortiva sino que trabaje para erradicarla.

“La cultura del descarte”

Ana Belén sostiene que el debate sobre la legalización del aborto que se está realizando desde las 16 horas en el Congreso de la Nación “esconde un descarte selectivo de seres humanos”. Así lo plasmó en las 151 páginas de su primer libro: “Hipocresía verde. El descarte selectivo de personas”. Dice que lo escribió durante las noches de cuarentena y que hoy repartió varios ejemplares.

Ana Belén dice que su Fe en Dios la ayuda a animarse a decir lo que piensa. “En una sociedad cada vez más totalitaria y violenta, donde un sector como el feminismo, que dice que defiende a las mujeres pero que nos desprecia y nos hace a un lado en este debate, a mí la fe me ayudó a tener coraje para expresarme”, sostiene Ana y arremete otra vez contra la letra del proyecto de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).

“Lo que están discutiendo nuestros legisladores esconde ensañamiento y eugenesia. Quieren decidir arbitrariamente quién puede vivir y quién no en la Argentina, y yo no quiero eso para mi país. Si mirás la legislación de países donde el aborto ya está legalizado, como es el caso de Finlandia o Francia, te vas a dar cuenta de que el 90% de los embarazos con Síndrome de Down son abortados”, argumenta.

-Pero puede suceder que una mujer no quiera tener un hijo por otros motivos.

-Yo sostengo la hipótesis del descarte selectivo. Se está tratando de legalizar por deseo. Si deseo un niño le hago un baby shower, le pongo nombre y lo humanizo. Ahora, si no lo deseo, se dejó de llamar bebé e instantáneamente se lo descarta y pasa a ser embrión o feto, como tratando de rebajar la categoría de persona en un ser humano, sin importar que la Constitución diga “niño o niña por nacer”. Se aferran al aborto y se olvidan de que hay más mujeres que mueren pariendo en el hospital, como María Rosa Lencina y su hija Aylén, de 38 semanas, que murieron porque en el Hospital Fernández no las atendieron. Las mandaron de vuelta a la Villa 31.

-¿Qué expectativa tenés para hoy?

-Siempre se les pide a los senadores que dejen de lado las creencias religiosas, yo en cambio les quiero pedir que dejen de lado las presiones partidarias y miren lo que pasa en cada una de las provincias. Corrientes, donde yo nací, es una provincia mayoritariamente pro vida. Pero yo vivo en Capital Federal y, justamente, los que deberían representarme en el Senado, no lo hacen. Quiero una sociedad más digna e inclusiva, con leyes justas para todos y para todas: para los nacidos y para los que están por nacer. Para todos los seres humanos.

 

 

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